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A pesar de algunos indicios esperanzadores de investigaciones previas, un nuevo estudio señala que las mujeres mayores bajo terapia de reemplazo hormonal no lograrían protección contra el desarrollo de discapacidades a medida que envejecen.
Los investigadores opinan que la disminución de los niveles
de estrógeno puede favorecer la pérdida ósea y otros deterioros
de la función física relacionados con la edad. Las células
musculares tienen receptores de estrógeno y estudios recientes
asociaron el aumento de los niveles de la hormona en sangre con
una mayor fuerza muscular en las adultas mayores. Los resultados del nuevo estudio, publicado en la revista
Menopause, cuestionan que las mujeres bajo terapia de reemplazo
hormonal (TRH) tengan un rendimiento físico mejor con la edad
comparadas con las mujeres que nunca tomaron hormonas. Entre casi 2.400 adultas mayores, que al azar habían
recibido TRH o placebo, ambos grupos tuvieron reducciones
similares en el nivel de fuerza muscular y la velocidad al
caminar en seis años. Las participantes tenían 65 años o más cuando empezaron a
usar TRH, de modo que se desconoce si el reemplazo hormonal a
edades más tempranas preservaría el funcionamiento físico de
las mujeres, señaló el equipo de la doctora Yvonne L. Michael,
de la Escuela de Salud Pública de la Drexel University, en
Filadelfia. Por ahora, los autores concluyen que la TRH no protegería
del deterioro físico y de la discapacidad a las adultas
mayores. Esto surge del estudio de un subgrupo de mujeres de Women's
Health Initiative (WHI), un ensayo clínico efectuado en Estados
Unidos que comenzó en 1993 y en el que, al azar, mujeres
posmenopáusicas usaron TRH o recibieron un placebo. Ese estudio WHI se suspendió en el 2002, cuando sus
investigadores hallaron que las mujeres tratadas con TRH tenían
más riesgo de infarto, accidente cerebrovascular, cáncer de
mama y coágulos sanguíneos que las usuarias de placebo. Por eso, los expertos aconsejan ahora que, aunque la TRH es
efectiva para aliviar los síntomas de la menopausia (sofocos y
sequedad vaginal), se debería indicar la dosis más baja y por
el menor tiempo posible. En el estudio actual, el equipo de Michael se concentró en
el subgrupo de mujeres del WHI de 65 años o más y sin
discapacidad al ingresar al estudio. En seis años, a las
mujeres se les midió periódicamente la función física, incluida
la fuerza de sujeción, la velocidad al caminar y la capacidad
de sentarse y pararse de una silla. En promedio, la fuerza de sujeción de las mujeres fue
disminuyendo un 12 por ciento con el tiempo, mientras que la
velocidad al caminar se redujo un 11 por ciento y el
rendimiento en el test de la silla por cronómetro bajó un 3,5
por ciento. No hubo diferencias significativas entre las mujeres
tratadas con TRH y placebo. Los autores hallaron evidencias de mejoría en la fuerza de
sujeción de las mujeres de las minorías tratadas con TRH. De
todos modos, el equipo indica que los resultados se deberían
"interpretar cuidadosamente", en parte porque no existe un
motivo cierto de ese efecto. Los investigadores señalan que los próximos estudios
deberían analizar si, de hecho, existen diferencias étnicas en
los efectos de la TRH sobre el rendimiento físico.
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