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Para quienes sufren de obesidad perder sólo unos cuantos kilos suele ser frustrante, ya que supone un gran esfuerzo y su repercusión estética es poca. Sin embargo, los beneficios de una bajada moderada de peso en la salud cardiovascular de los obesos son muchos, incluso cuando se recupera parte de lo adelgazado, según revela un estudio que publica la revista 'Journal of the American College of Cardiology'.
Se ha demostrado que la obesidad duplica el riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca, ya que favorece la aparición de anomalías en la estructura cardiovascular y en el funcionamiento del corazón.
Por ello, un grupo de investigadores encabezados por Lisa de las
Fuentes, profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de
Washington-St. Louis (EEUU) y cardióloga en el hospital Barnes-Jewish,
decidió investigar los efectos cardiovasculares que tendrían en
pacientes obesos un adelgazamiento moderado (entre el 5% y el 10% del peso corporal) y una posible recuperación de los kilos perdidos tiempo después.
Los investigadores contaron para su estudio con una muestra de 60
individuos obesos, de los cuales 46 completaron un periodo de
seguimiento de dos años. Sus edades iban desde los 22 a los 64 años,
tenían unos índices de masa corporal de entre 30 y 44 (por encima de 30
refleja obesidad leve y más de 40 es signo de obesidad mórbida) y no
eran candidatos a someterse a cirugía para perder peso (como el by-pass
gástrico o la banda gástrica).
Aunque ninguno de los participantes presentaba indicios clínicos
evidentes de insuficiencia cardiaca (respiración entrecortada, tos o
acumulación de fluidos) ni tomaban fármacos para bajar el colesterol, un tercio de ellos estaba siendo tratado por hipertensión.
Además, a través de una ecocardiografía avanzada y de imágenes por ultrasonidos los investigadores hallaron leves aunque detectables disfunciones coronarias en los participantes.
Durante el tiempo que duró la investigación los pacientes siguieron
dos tipos de dieta, una baja en carbohidratos y otra pobre en grasas.
Las mujeres consumieron entre 1.200 y 1.500 calorías y los hombres
entre 1.500 y 1.800. Además, debían dedicar al ejercicio
(principalmente a andar) unas tres horas y media a la semana.
Por lo general, la mayor pérdida de peso se registró durante los primeros seis meses del programa, en los que los participantes llegaron a rebajar hasta un 9% de su peso inicial.
Sin embargo, los máximos beneficios cardiovasculares se detectaron
tiempo después de que se lograse la perdida de peso, dándose los
niveles más altos de mejora entre los 12 y los 24 meses después que
comenzase el estudio.
Entre los progresos experimentados por los participantes se observó una disminución del grosor de la musculatura coronaria,
una mejora de la función de bombeo y relajación del corazón (mejorando
el riesgo de insuficiencia coronaria) y una disminución del grosor de
las paredes de la carótida (evitando la formación de placa en la
misma). Además, los niveles de triglicéridos y colesterol de los pacientes también mejoraron.
"Con el paso del tiempo la obesidad provoca un engrosamiento anormal
de la musculatura coronaria, porque el corazón debe realizar un mayor
esfuerzo para bombear la sangre a lo largo del cuerpo", expone de las
Fuentes. "Nuestro estudio sugiere que después de un tiempo los
corazones de las personas obesas pueden perder parte de su habilidad de
bombeo y relajación, lo que conduce a la insuficiencia cardiaca". Pero
este trabajo apunta a que al perder peso la gente puede retroceder en
el tiempo y lograr un rejuvenecimiento de la función coronaria.
Beneficios a pesar del aumento de peso
Sin embargo, un año después de que comenzase el programa la mayoría
de los participantes fue recuperando lentamente algo del peso ganado,
aunque no todo, ya que al cabo de dos años habían adelgazado una media
de cuatro kilos respecto a su peso inicial. No obstante, a pesar de
haber vuelto a ganar peso, al concluir el estudio aún se mantenían
(aunque en menor grado) parte de los beneficios cardiovasculares
logrados durante el proceso.
"Perder unos nueve kilos puede parecer algo enorme para alguna
gente, pero hemos demostrado que incluso bajar una cantidad de peso más
modesta puede producir beneficios coronarios y vasculares",
explica la investigadora. "Es importante darse cuenta de que se pueden
elegir metas alcanzables y trabajar progresivamente hacia ellas. No hay
que perder necesariamente más de 20 kilos para mejorar la función
coronaria" añade.
"Además, los pacientes pudieron elegir entre una dieta baja en
carbohidratos o una limitada en grasas, y obtuvieron de igual forma
buenos resultados, lo que sirve para tranquilizar a la gente que
prefiere uno u otro tipo de régimen", matiza de las Fuentes.
Por último, esta experta destaca la importancia de este trabajo como
demostración de que un programa de dieta y ejercicio para adelgazar
moderadamente puede mejorar la salud coronaria, algo especialmente relevante para los pacientes que no optan a cirugías adelgazantes.
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