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Permite averiguar el alcance de un tumor, detectar a las personas que en un futuro sufrirán Alzheimer u otras demencias, además de estudiar la epilepsia y otros trastornos psiquiátricos
Como cualquier otra forma de energía, la nuclear sirve para reparar
y construir, y no sólo para destruir, aunque la mayoría de la población
la asocie directamente al cáncer y a las centrales nucleares. Sin
embargo, una nueva disciplina, la medicina nuclear, se ha convertido en
una forma cada vez más extendida y precisa de diagnosticar y tratar
enfermedades. En estos momentos esta especialidad médica se dedica en
un 90% de los casos al diagnóstico de enfermedades y en un 10% a su
tratamiento. A través de la medicina nuclear se pueden
explorar y tratar el corazón, el riñón, el intestino y otros órganos.
El 30% de la actividad de un Servicio de Medicina Nuclear se relaciona
con la oncología; un 20%, con la cardiología; un 5%, con la neurología;
y el resto con otras especialidades médicas. En España todos los
grandes centros sanitarios públicos disponen de un Servicio de Medicina
Nuclear. Nuestro país cuenta con 140 centros y, cada año, se efectúan
650.000 exploraciones convencionales y 60.000 con su técnica estrella,
la PET (Tomografía por Emisión de Positrones). Radiofármacos o "balas mágicas"
Las pruebas de medicina nuclear consisten en administrar a los
pacientes un producto, un radiofármaco específico, dirigido al órgano
que se pretende estudiar o tratar. Este radiofármaco se llama así
porque emite una pequeña radiación que recogen unos aparatos, las
gammacámaras. La radiación captada se transforma en una señal eléctrica
y en imágenes en un ordenador. De esta forma, se puede estudiar la
llegada del fármaco al órgano en estudio, su distribución y, después,
su eliminación. Los radiofármacos actúan como auténticas
"balas mágicas" que se envían de forma directa a un tumor para
estudiarlo o para tratarlo y destruir sus células cancerosas. Esta
terapia nuclear ya es una realidad en un tipo de cáncer, el linfoma no
Hodking, que se trata de forma ambulatoria (sin ingresar en el
hospital) y sin apenas efectos adversos. Gracias a los nuevos
radiofármacos se han conseguido reducir las metástasis óseas y el dolor
que provocan. La vida media de estos radiofármacos (también
denominados isótopos radiactivos) varía. Desaparecen en unas horas o
como máximo en un día, por lo que las técnicas de medicina nuclear se
consideran de bajo riesgo tanto para los pacientes que se someten a
ellas como para las personas que están cerca. Técnicas estrella y aplicaciones sta especialidad consta de varias técnicas con numerosas ventajas para
los pacientes: permiten estudiar tanto la morfología de un órgano, como
su función -se puede identificar un tumor y saber si crece o no e,
incluso, determinar si quedan células vivas-, así como detectar
lesiones más pequeñas y llegar a todo el organismo. En este momento
La técnica clásica y más habitual es la gammagrafía, que utiliza una
gammacámara para obtener una imagen del órgano estudiado, con la que se
pueden observar las áreas en funcionamiento. También se utilizan otras
más modernas como la Tomografía Computerizada por Emisión de Fotón
Único (SPECT, en sus siglas inglesas), que permite captar imágenes
tridimensionales de alta resolución, my útiles para diagnosticar de
forma precoz enfermedades oncológicas, cardiológicas o neurológicas. Y
la Tomografía por Emisión de Positrones (PET), que posibilita averiguar
el alcance de un tumor en un solo paso y en fases más incipientes que
con otras técnicas, distinguir las personas con un envejecimiento
normal de las que van a desarrollar Alzheimer u otras demencias, y
estudiar la epilepsia y otros trastornos psiquiátricos como la psicosis
y la esquizofrenia. En el futuro El futuro precisa
de la combinación de varias de sus técnicas a través de equipos
híbridos o multimodales, como la PET-TAC (TAC, por tomografía axial
computerizada), la PET-RM (RM, por resonancia magnética) y la
SPECT-TAC, que fusionan las imágenes obtenidas mediante diferentes
técnicas. De esta forma, se podrían obtener diagnósticos más precisos.
Gracias a la PET-TAC se pueden diagnosticar más del 30% de los tumores
de origen desconocido que no son perceptibles con otras técnicas,
además de detectar en qué estadio de desarrollo se hallan exactamente y
cuáles son su extensión y su actividad (si siguen creciendo) para
ajustar y planificar el tratamiento. Estos aparatos
multimodales permiten conocer la función de un órgano, además de la
localización y extensión de las lesiones. Las ventajas que esta técnica
tiene para los pacientes se pueden comprender con un ejemplo gráfico,
el de las ilustraciones de "¿Dónde está Wally?", en las que se reta a
los ojos a buscar a este personaje, vestido con una camiseta de rayas
blancas y rojas, entre otros muchos en una página multicolor. Si se
colocara a Wally con una camiseta de rayas blancas y negras sobre una
página en blanco y negro, el esfuerzo en encontrarlo sería mayor. De la
misma forma, la medicina nuclear aporta el color a las imágenes
médicas, que es más fácil de identificar y seguir sobre las imágenes
que ofrece el TAC. Antes y después de una exploración
Las exploraciones de medicina nuclear son cada vez más frecuentes y
cualquier persona puede solicitarla. Aunque a menudo pueda parecer que
estas personas sufren una gran angustia por explorarse mediante este
técnica, la mayoría sufre ansiedad por la enfermedad que padecen -como
el cáncer- o por la cirugía a la que enfrentan para tratarla. Así lo
revela un estudio elaborado el pasado año por el Servicio de Medicina
Nuclear que dirige Josep Martín Comín, del Hospital Universitario de
Bellvitge. La duración de estas pruebas es variable, entre 30
y 60 minutos. No son invasivas ni dolorosas. Y la única pequeña
molestia para el paciente es la necesidad de permanecer muy quieto
durante la prueba. Los radiofármacos necesarios para realizarlas se
administran por vía intravenosa u oral cuando éstas son pruebas
diagnósticas, y con inyecciones, incluso en las articulaciones con
anestesia local, cuando las exploraciones se realizan con fines
terapéuticos. Las técnicas este tipo de medicina rara vez producen
efectos adversos e, incluso, en dos situaciones, como son el embarazo y
la lactancia materna, su contraindicación es relativa, pero no
absoluta. Una vez finalizada la exploración, los pacientes se
pueden marchar a su casa por su propio pie, aunque se les aconseja que
permanezcan aislados un día y que no utilicen el transporte público con
el fin de minimizar las posibilidades de emitir radiaciones. Aunque
este riesgo es mínimo. En las mujeres se ha constatado que ciertos
radiofármacos se pueden eliminar por la leche materna, por lo que es
posible que deban suprimir la lactancia materna. Al margen de estas
precauciones, los pacientes no deben adoptar ninguna otra medida
adicional después de una exploración de este tipo. En España,
las técnicas se encuentran prácticamente al alcance de toda la
población que las necesita y las tecnologías que se requieren para
aplicarlas se han distribuido por todo el país. No obstante, esta
distribución es irregular, de modo que las comunidades del interior
disponen de menos equipos de este tipo frente a las autonomías de la
periferia. En la actualidad, todos los grandes centros sanitarios
públicos disponen de un Servicio de Medicina Nuclear. En nuestro país
hay 140 centros de Medicina Nuclear y cada año se efectúan 650.000
exploraciones convencionales y 60.000 con la técnica PET. Su primera
cámara data de 1995 y, en 2001 se abrió la primera cámara en un centro
hospitalario público, el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, lo que
supuso la aceptación de la técnica por parte de la Administración
pública y la comunidad científica española. En estos momentos, la
técnica PET está disponible en casi todas las comunidades autónomas.
Pautas previas para los pacientes que se sometan a una prueba de medicina nuclear

-
Los pacientes deben mantenerse tranquilos y confiar en esta forma de
medicina que recurre a los átomos para diagnosticar y curar de manera
eficaz.
- Si se toma medicación hay que informar al médico. Será él quien decida si ha de suspender su ingesta para realiar la prueba.
-
Las mujeres embarazadas o que creen estarlo deben comunicárselo al
médico o enfermera antes de someterse a una prueba de medicina nuclear.
Por norma, no deberían recibir radiaciones.
- Conviene evitar
el contacto con niños y embarazadas el mismo día de la exploración. Y
el resto del día, tras la prueba, no se debe coger en brazos a los
niños ni subírselos sobre las rodillas.
- Beber líquidos -agua o zumos- facilita la eliminación del radiofármaco inyectado.
- Cuanto más lejos se esté de otras personas y más tiempo haya transcurrido tras la exploración, menos se las irradiará.
Fuente: Josep Martín Comín, del Hospital de Bellvitge, y SEMN
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