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Tanto las úlceras de duodeno como las gástricas se pueden tratar de manera eficaz una vez diagnosticadas
Los avances de la ciencia médica están generando muchos estómagos
agradecidos. Las úlceras de estómago ya no tienen por qué ser dolorosas
compañeras de viaje para toda la vida. Este falso mito se puede romper
porque ya se conocen sus causas y se pueden curar. Su tratamiento exige
reflexionar sobre las dos enfermedades distintas a las que se refiere
el genérico úlcera de estómago: a las úlceras de duodeno que, en su
mayoría, son benignas y a las úlceras gástricas o de estómago y que, en
una pequeña proporción de casos, son malignas y se relacionan con el
cáncer de estómago ulcerado. Las úlceras gastroduodenales se
desarrollan con mayor frecuencia a medida que aumenta la edad, en
especial a partir de los 40 años. En ello influyen ciertos fármacos,
como los Antiinflamatorios No Esteroideos (AINES), entre los que se
incluye la aspirina y cuyo consumo es más habitual entre las personas
mayores. Otro factor que desencadena esta dolencia es la infección por
Helicobacter pylori (H. pylori), que también afecta a las personas
mayores y se relaciona con las condiciones higiénicas y sanitarias. Su
mejora en los países desarrollados ha permitido que esta infección
disminuya entre los más jóvenes. Se estima que el 50% de la población mundial está infectada por H.
Pylori. La población afectada varía desde un 20% cuando se trata de
adultos jóvenes de los países desarrollados a más del 50% (en ocasiones
hasta el 90%), en los países en vías de desarrollo. En España, el 50%
de la población sufre esta infección, aunque sólo entre el 15% y el 25%
registra una úlcera péptica. ¿Se pueden prevenir? La
infección por H. pylori y las úlceras asociadas no se pueden prevenir,
pero sí tratar una vez diagnosticadas. Por el contrario, en las úlceras
asociadas al consumo de antiinflamatorios sí es posible fijar pautas de
prevención. Los grupos de riesgo entre las personas que toman AINES son
quienes tienen antecedentes de úlceras, hemorragias digestivas, más de
60 años y consumen más de un AINE al día. Cuando los pacientes precisan
medicamentos para calmar el dolor, se puede recurrir a otros
analgésicos no antiinflamatorios y, en caso de necesitar de forma
ineludible un antiinflamatorio, se puede optar por elegir el menos
lesivo para el aparato digestivo, ya que cuanto más potente es un
antiinflamatorio, mayor es su capacidad de dañar la mucosa
gastroduodenal. Para prevenir las lesiones causadas por estos fármacos,
se aconseja su ingesta acompañada de una sustancia que proteja al
estómago del desarrollo de úlceras o hemorragias. Los más habituales
son los inhibidores de la bomba de protones (el popular omeprazol, un
protector gástrico que se toma por la mañana en ayunas, 20 minutos
antes del desayuno), o los análogos de las prostaglandinas
(misoprostol). Señales de alarma No todas las
úlceras duodenales o gástricas generan los mismos síntomas. Es más, a
menudo pueden permanecer silenciosos durante muchos años. La Asociación
Española de Gastroenterología no cesa de insistir en que el H. pylori
se adquiere durante la infancia y puede vivir durante muchos años en el
estómago, donde causa una pequeña inflamación que no siempre se
manifiesta. Esta bacteria sólo contribuye a que se desarrolle úlcera en
una de cada diez personas que se infectan con ella.
Se estima que el 50% de la población mundial está infectada por el 'Helicobacter pylori'
El dolor característico se localiza en la zona alta
del abdomen, en la parte central, y se calma después de comer. Por ello
se dice que los afectados sufren una sensación de "hambre dolorosa".
Ahora bien, cuando el dolor no se produce y las úlceras permanecen
silentes es posible que su primera materialización sea a través de una
hemorragia, perforación de la úlcera o estenosis pilórica
(estrechamiento del píloro, la puerta de entrada del estómago al
duodeno). La endoscopia, la prueba estrella La fórmula para diagnosticar las úlceras de estómago es la endoscopia;
se introduce un tubo flexible a través del intestino delgado que
permite al especialista visualizar la zona que desea explorar en busca
de la úlcera. Este tipo de endoscopia de las vías digestivas altas se
denomina gastroduodenoscopia. Una de sus principales ventajas es que al
mismo tiempo que se realiza,se puede extraer una pequeña muestra de
tejido para analizarlo. Aunque es una prueba invasiva, el paciente no
sufre ningún dolor porque se practica bajo sedación. Junto a
la endoscopia, otras pruebas útiles para diagnosticar las úlceras son
las radiografías con contraste -aunque la sensibilidad de las
exploraciones radiológicas es muy inferior a la de la endoscopia-, la
prueba del aliento, que analiza la actividad metabólica del paciente y
detecta los metabolitos relacionados con una úlcera duodenal o
estomacal, la analítica de sangre y la detección en las heces de los
antígenos de la bacteria H. pylori. 'Helicobacter pylori': el enemigo La erradicación de esta bacteria es fundamental para prevenir el
desarrollo de cáncer de estómago, puesto que la Organización Mundial de
la Salud (OMS) lo ha identificado como un agente carcinógeno. El
tratamiento estándar para eliminar su infección consiste en una
combinación de dos antibióticos junto a un protector gástrico
(inhibidor de la bomba de protones). La combinación más habitual es la
que está formada por los antibióticos amoxicilina y claritromicina y el
omeprazol. Su erradicación precisa que se tomen dos veces al día
durante una semana o diez días, según la pauta médica. Ahora bien, cuando este tratamiento línea no funciona es posible
administrar otras combinaciones de antibióticos. De manera que después
de tres ciclos de tratamiento, el 99% de los pacientes portadores de la
infección por esta bacteria se curan. Un caso diferente es el
de las úlceras de estómago inducidas por el consumo de AINES. En este
supuesto el tratamiento convencional se basa en la toma de un inhibidor
de la bomba de protones dos veces al día entre cuatro y ocho semanas,
el tiempo necesario para que cicatricen las úlceras. En este proceso de
cicatrización, con independencia de si la úlcera es duodenal o
gástrica, el tabaco y el alcohol retrasan el proceso de curación. Después del tratamiento
Siempre que el agente causal de la úlcera sea el H. pylori, es posible
que, tras el tratamiento, se detecte de nuevo la presencia de la
bacteria. No se trata de una nueva infección, sino de la persistencia
de la infección que no se ha detectado bien nada más finalizar la
terapia. Por esta razón, una vez concluida, es importante que las
pruebas se repitan entre tres y cuatro semanas después para comprobar
si el "H. pylori" se ha eliminado-.
Cuanto más potente es un antiinflamatorio, mayor es su capacidad de dañar la mucosa gastroduodenal
En las úlceras gástricas, una vez concluido el
tratamiento, hay que asegurarse de que se ha cicatrizado por completo.
Para ello se repetirá la endoscopia y la toma de muestras de biopsias
del margen de la úlcera. El objetivo es confirmar que no se esconda
ningún tumor. Es una exploración nada dolorosa que permite analizar con
el microscopio las muestras de tejido con el fin de descartar el
desarrollo de un cáncer de estómago. El futuro Las
úlceras de estómago son infecciones muy frecuente en todo el mundo y la
causa de una gran morbilidad (desarrollo de enfermedades). Ante esta
situación, se investigan estrategias de vacunación no sólo para evitar
contraer la infección por esta bacteria, sino para combatirla en
quienes ya la padezcan mediante la inducción de una respuesta
inmunológica efectiva. Otra línea de investigación activa es
la búsqueda de AINES que no sean tan lesivos para el estómago, ya que
las alternativas actuales, como los inhibidores de la ciclooxigenasa 2
(coxib), no han funcionado tan bien como era de esperar e, incluso,
algunos de ellos se han relacionado con efectos adversos
cardiovasculares.
Ante los primeros síntomas o sospechas:
Acudir al médico. No hay que conformarse con "una úlcera para toda la
vida", ya que se puede tratar y eliminar su agente causal, Helicobacter
pylori. El tratamiento de las úlceras no obliga a seguir una
dieta especial. Las únicas restricciones dietéticas que requieren son
las del sentido común, o sufrir otras enfermedades como la diabetes o
la hipertensión arterial. Si una persona tiene úlcera o se le
ha prescrito un tratamiento para ella, éste es un buen momento para
dejar de fumar o reducir el consumo de tabaco, ya que este hábito
nocivo retrasa la cicatrización. Los antiinflamatorios para las úlceras
se deben tomar de acuerdo con las necesidades clínicas y en ningún caso
por indicación propia ni en dosis superiores a las recomendadas. No hay
que automedicarse. Es obligatorio cumplir con la medicación prescrita,
ya que no hacerlo es una de las principales causas del fracaso del
tratamiento para eliminar el Helicobacter pylori. Fuente: Ignasi Elizalde, consultor del Servicio de Gastroenterología del Hospital Clínic, de Barcelona
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