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Una dieta alta en fructosa aumenta el riesgo de desarrollar hipertensión, según un estudio del Centro de Ciencias de la Salud de Denver de la Universidad de Colorado que se ha hecho público durante la reunión anual de la Sociedad Americana de Nefrología que se celebra en San Diego (Estados Unidos).
Los descubrimientos sugieren que reducir el
consumo de alimentos y bebidas procesados que contienen sirope de maíz
alto en frutosa (HFCS, según sus siglas en inglés) podría ayudar a
evitar la hipertensión.
Los investigadores explican que durante los pasados 200 años, la
tasa de consumo de fructosa ha aumentado en paralelo al incremento de
la obesidad, que ha aumentado de forma abrupta en los pasados 20 años
desde que se introdujeron los HFCS. Estos aumentos se parecen al
destacado aumento de la prevalencia de la hipertensión aunque la
investigación no ha descubierto aún un vínculo consistente entre el
exceso de frutosa en la dieta y la hipertensión.
Los científicos, dirigidos por Diana Jalal, estudiaron este
vínculo en una gran población representativa de adultos
estadounidenses. Examinaron a 4.528 adultos de 18 años o más sin
antecedentes de hipertensión. El consumo de fructosa se calculó con un
cuestionario alimentario y comidas como zumos de fruta, refrescos,
productos de bollería y dulces.
Los resultados mostraron que las personas que comían o bebían más
de 74 gramos por día de fructosa (2,5 refrescos con azúcar al día)
aumentaban su riesgo de desarrollar hipertensión. En concreto, una
dieta de más de 74 gramos al día de fructosa conducía a un riesgo un
mayor riesgo del 28, 36 y 87 por ciento en los niveles de presión
sanguínea de 135/85, 140/90 y 160/100, respectivamente (una lectura de
presión sanguínea normal está por debajo de 120/80).
Según concluyen los autores, estos resultados indican que el
consumo elevado de fructosa en forma de azúcares añadidos está asociado
de forma significativa e independiente con los niveles más elevados de
presión sanguínea en la población de adultos estadounidenses sin
antecedentes de hipertensión.
Por último, los investigadores añaden que será necesario realizar
posteriores estudios para ver si las dietas bajas en fructosa pueden
normalizar la presión sanguínea y evitar el desarrollo de hipertensión.
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