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Más de 360 millones de personas sufrirán diabetes tipo 2 en el año 2030. Con afectados cada vez más jóvenes, prevenir la aparición de esta enfermedad es esencial para reducir la mortalidad y el gasto sanitario. Según un estudio publicado en 'The Lancet', los cambios en el estilo de vida y la administración de metformina tienen un afecto a largo plazo en su prevención.
Si nada cambia, en unos años la diabetes mellitus tipo 2 se situará
entre las principales causas de muerte y entre las que más recursos
sanitarios consumen. Su tratamiento, cada vez más caro y complejo,
frena los efectos deletéreos del déficit de insulina pero, a la larga,
el organismo se resiente. La prevención es la mejor arma.
Desde la década de los 90 se han llevado a cabo numerosos estudios
acerca de las estrategias más adecuadas para frenar la aparición de la
diabetes tipo 2 en individuos con un riesgo alto de desarrollarla. El
Programa de Prevención de la Diabetes, puesto en marcha en Estados
Unidos en 1996, es uno de ellos. Más de 3.000 participantes
prediabéticos fueron asignados a uno de estos tres programas
preventivos: cambios en el estilo de vida, prescripción de metformina
(un antidiabético común) o de un placebo.
La revista 'The Lancet'
publica ahora los resultados de esta investigación y del seguimiento
realizado a estos sujetos durante la década posterior. Según estos,
llevar una vida más sana –entendido aquí por reducir un 7% el peso y
realizar al menos 150 minutos de ejercicio a la semana- redujo la tasa de aparición de diabetes en un 34% al cabo de 10 años, en comparación con el placebo. Por su parte, la metformina la redujo un 18%.
Esto quiere decir que, "en este tiempo, los participantes del grupo del cambio en el estilo de vida retrasaron cuatro años la aparición de la diabetes tipo 2
y dos años los del grupo de la metformina, comparados con los que
recibieron placebo", ha explicado David Nathan, del Hospital General de
Massachusetts y director del estudio.
Llevar una vida sana es clave
Sin embargo, la eficacia de estas intervenciones varía en función
del momento en el que se analicen. Tras el final del primer periodo de
intervención, que duró 2,8 años, la introducción de hábitos saludables
redujo la incidencia de la diabetes en un 58% y la metformina un 31%.
En ese momento, entre un 5% y un 6% de los individuos sometidos a
cambios en su estilo de vida desarrollaba la enfermedad cada año; un 8%
de los que tomaban el antidiabético y un 11% en el caso del grupo del
placebo.
Pero tras la conclusión del ensayo clínico propiamente dicho (en
2001), los autores pusieron a disposición de todos los participantes el
programa de dieta y ejercicios. Esto, a la larga, junto con cierta
'relajación' de aquellos que ya lo seguían, igualó la incidencia de la
enfermedad en los tres grupos en torno al 6%.
"Adoptar unos hábitos más sanos, incluyendo aquellos encaminados a perder peso, llevar una mejor dieta y hacer más ejercicio tendrá un impacto sostenido a largo plazo en la salud en general,
al menos en la prevención de la diabetes y, con un poco de suerte, en
la prevención de las complicaciones asociadas con ella", ha declarado
el investigador principal, Neil White, de la Universidad de Washington.
Los pacientes con diabetes mellitus tipo 2 no responden de forma
adecuada a la insulina, la hormona encargada de introducir la glucosa
en las células. Si este azúcar no puede penetrar en ellas, se acumula
en la sangre dando lugar a numerosos problemas, especialmente
cardiovasculares y renales.
"La prevención de la diabetes es un camino largo y sinuoso. Parece que no existe ningún atajo y que una intervención intensa, persistente y prolongada de los estilos de vida es la forma más efectiva de llegar a ella",
explica Anoop Misra, especialista en este síndrome del Hospital Fortis
(Nueva Delhi, India), en un artículo que analiza las conclusiones de
este estudio.
Según el último informe
de la Federación Internacional de Diabetes, hoy en día hay cerca de 300
millones de personas afectadas por la diabetes, de las cuales más del
85% padece el tipo 2. Se espera que en 2030 la cifra alcance los 435
millones, impulsada especialmente por la epidemia de sobrepeso y
obesidad que afecta a buena parte de los países occidentales.
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