Las personas que terminan su vida con demencia avanzada pueden equipararse a aquéllas que fallecen por un cáncer. En ambas situaciones, los pacientes precisan cuidados paliativos.
El curso clínico de
la demencia avanzada, incluyendo el dolor y la mortalidad elevada, es
similar al que sufren otros pacientes en procesos terminales, como el
cáncer. Es la principal conclusión de un trabajo que se publica hoy en The New England Journal of Medicine y
que han realizado científicos del Instituto de Investigación en
Envejecimiento Hebrew SeniorLife, en el Universidad de Harvard, en
Boston. Se trata del primer estudio que ha descrito con rigor el curso
clínico de la demencia avanzada, una de las primeras causas de muerte
en Estados Unidos. Lo que sí habían sugerido trabajos anteriores es que
en los pacientes con deterioro cognitivo grave no se diagnostica lo
suficiente su alto riesgo de mortalidad ni tampoco reciben adecuada
asistencia paliativa.
La autora principal
del trabajo, Susan L. Mitchell, investigadora del referido instituto,
afirma que "la demencia es una enfermedad terminal. Ocurre lo mismo que
con otras alteraciones en el final de la vida: el perfil de paciente
con demencia avanzada experimenta una serie de síntomas similares a los
que fallecen por otras causas, como el cáncer". En estas conclusiones
subyace la idea de que los pacientes con demencia avanzada deberían
recibir tratamiento paliativo específico.
El estudio, que recibe el nombre de Cascade (acrónimo inglés de Opciones, Actitudes y Estrategias para el Cuidado de la Demencia Avanzada al final de la vida),
es un análisis prospectivo realizado en 323 ancianos en residencias del
área de Boston, a lo largo de 18 meses. En el estadio final de la
enfermedad, los pacientes presentaban profundos déficit de memoria que
les impedían reconocer a sus familiares más próximos o hablar más de
seis palabras, así como problemas de movilidad e incontinencia.
Durante
el estudio fallecieron 177 pacientes. La mayoría de los individuos
estudiados presentaban complicaciones como neumonía, fiebre y
dificultades digestivas, y estas complicaciones suponían dolor,
ulceraciones y alteraciones en la respiración.
Objetivo y realidad
Mitchell,
que también es profesora en la Universidad de Harvard, asegura que, a
pesar de que para el 96 por ciento de los familiares de estos ancianos
el principal objetivo en su cuidado era que no sufrieran, cerca del 41
por ciento de los pacientes que fallecieron en el estudio lo hicieron,
bien hospitalizados, en un servicio de urgencias, recibiendo
tratamiento intravenoso, o bien alimentados con sonda en los tres meses
previos a su muerte.
"Muchos de los
pacientes en nuestro estudio recibieron intervenciones de cuestionable
beneficio en sus últimos tres meses de vida. Sin embargo, cuando los
familiares eran conscientes del pobre pronóstico del paciente y de sus
complicaciones clínicas, se efectuaron menos intervenciones y con más
probabilidad recibieron cuidados paliativos al final de su vida",
apunta Mitchell.
Al inicio del estudio, un
81 por ciento de los familiares pensaban que entendían bien las
complicaciones asociadas a la demencia, pero sólo un tercio reconoció
haber sido aconsejado sobre ellas por el médico.
(N Engl J Med 2009; 361: 1.529-38/1.595).
PISTAS NO VERBALES
El número de personas que mueren con demencia avanzada está creciendo. En un editorial al respecto que se publica también hoy en The New England,
Greg Sachs, director de la División de Medicina Interna de la
Universidad de Indiana, destaca que los cuidados al final de la vida de
las personas con demencia avanzada no han cambiado en las últimas
décadas, y urge a que se les proporcione el tratamiento paliativo
adecuado. Sachs considera que es necesaria una actualización de los
cuidados paliativos que reciben este tipo de pacientes. "Puesto que
ellos no pueden describir sus síntomas, entre los que se encuentran el
dolor y las dificultades respiratorias, deberíamos impedir su
sufrimiento para que el tiempo que les queda de vida sea lo menos
penoso posible", dice Sachs, geriatra y bioético. El cometido no es
sencillo y requiere que cuidadores y facultativos desarrollen
herramientas como la observación de pistas no verbales que indiquen el
estado de estos pacientes.
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