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Daño cardíaco de la quimioterapia se prolonga durante años, según estudio holandés |
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Wednesday, 02 de August de 2006 |
Aunque los efectos cardiacos de algunos fármacos quimioterápicos que se
utilizan para tratar el cáncer no son desconocidos para los
especialistas, no estaba muy claro cuánto tiempo duraba este riesgo. Un
seguimiento de más de dos décadas a un grupo de 22 pacientes ha
demostrado que el daño que sufre su corazón se agrava incluso con el
paso de los años. Sus conclusiones no dejan lugar a dudas: Todas las personas tratadas
con este tipo de fármacos a raíz de un cáncer deberían mantener
vigilada su función cardiaca de por vida.
El estudio lo han dado a conocer un grupo de investigadores de la universidad holandesa de Groningen en las páginas de la revista Annals of Oncology. Sus conclusiones son el fruto de 22 años de seguimiento de media (en algunos casos la evaluación se prolongó hasta los 27) a 22 pacientes que fueron tratados con antraciclinas (un tipo de quimioterapia) entre los años 1977 y 1999.
Sus conclusiones no dejan lugar a dudas: Todas las personas tratadas con este tipo de fármacos a raíz de un cáncer deberían mantener vigilada su función cardiaca de por vida. Y aunque admiten que la población estudiada es pequeña, insisten en que probablemente éste sea el seguimiento más prolongado en esta cuestión, ya que hasta ahora las investigaciones más duraderas tenían una media de unos 13 años.
Comparando con los exámenes que se les hicieron a los mismos sujetos al cabo de nueve y 14 años, los investigadores descubrieron que la función sistólica (cuando el corazón bombea sangre) y diastólica (cuando el corazón se llena de sangre) empeoraba al cabo del tiempo. Concretamente, la disfunción sistólica pasó de afectar al 9% de ellos en 1997 al 27% en el último control; mientras que en el caso de la diastólica se incrementó del 18% al 55%.
Otro parámetro que empeoró en 19 de los 22 sujetos fue la frecuencia cardiaca, un factor que describe la frecuencia con la que late el corazón y que se considera un marcador potencial de problemas cardiacos.
Como subraya una de las firmantes, la doctora Inge Brouwer, hasta ahora se calculaba que un 5% de pacientes tratados con antraciclinas sufrían fallo cardiaco, "sin embargo, es muy posible que la frecuencia de otros trastornos subclínicos sea mayor". A su juicio, "es probable que el deterioro cardiaco sea progresivo y continúe a lo largo del tiempo", por lo que recomienda que los pacientes que hayan sido tratados con antraciclinas sean evaluados periódicamente mediante un ecocardiograma.
No es raro, destaca, que muchas de las personas en quienes se detectan anomalías con esta prueba no tengan ninguna dolencia de corazón, "por lo que debemos vigilarles para empezar a tratarles con medicación en cuanto sea necesario para estabilizar su función cardiaca y evitar a tiempo un deterioro mayor". Además, ha añadido, es importante tratar otros factores de riesgo cardiovascular, como el colesterol o la presión arterial, y promover ciertos hábitos saludables: dejar de fumar, hacer ejercicio físico, llevar una dieta sana o reducir el peso si fuese necesario.
A pesar de estas recomendaciones, insisten, las antraciclinas siguen siendo un tratamiento altamente eficaz y, en cualquier caso "curar el cáncer sigue siendo la prioridad". También Glivec
Estos resultados coinciden con los de otro trabajo adelantado en la edición 'on line' de la revista Nature en el que se ha analizado el peligro cardiaco de otro fármaco, Glivec.
Según las conclusiones extraidas por un equipo de investigadores de la Universidad Jefferson (EEUU), en trabajos con ratones y con células cardiacas en cultivo, este tratamiento puede llegar a provocar daños en el corazón debido a su acción sobre una molécula que ayuda a regular la función cardiaca. A pesar de sus observaciones, que también fueron corroboradas en 10 pacientes tratados con esta diana molecular, los especialistas destacan que por encima de todo este fármaco es esencial en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer y los pacientes deben seguir tomándolo. "Lo que estamos intentando es llamar la atención sobre los posibles efectos secundarios de éste y otros fármacos de la misma familia [inhibidores de las tirosina-quinasas]", subrayan, "un problema potencial que irá en aumento a medida que el número de agentes dirigidos contra una diana concreta va a seguir creciendo". |