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Un tinte azul similar al que se utiliza para colorear las golosinas y
refrescos podría reducir la gravedad de las lesiones de médula espinal,
según indicó un estudio de la Universidad de Rochester, en EE.UU..
Normalmente, en las horas inmediatamente posteriores
a que se produzca una lesión dorsal, se suele desencadenar una serie de
cambios hormonales que empeora notablemente la gravedad del daño.
De
acuerdo con una investigación llevada a cabo por científicos de la
Universidad de Rochester, en Estados Unidos, esta reacción en cadena
podría detenerse utilizando un colorante azul conocido como "Brilliant
Blue G" (BBG), que se usa frecuentemente en alimentos y cosmética.
El BBG se encuentra, por ejemplo, en numerosos dulces, refrescos, productos lácteos, así como en jabones y espumas.
"Las
lesiones traumáticas de la médula espinal se caracterizan por una
pérdida inmediata e irreversible de tejido en la zona de la lesión (…).
La administración de BBG 15 minutos después de la lesión redujo el daño
anatómico en la médula espinal y mejoró la recuperación del movimiento
sin signos evidentes de toxicidad", indicó el estudio. Sin embargo, el tratamiento llevado a cabo en la
investigación presenta un efecto secundario llamativo: la piel de las
ratas a las que se les aplicó el BBG adoptó temporalmente un ligero
tono azul.
Avance importanteLos investigadores de la Universidad de Rochester
esperan que su trabajo pueda contribuir en el futuro a minimizar el
riesgo de parálisis a consecuencia de una lesión traumática en la
columna.
Un objetivo a largo plazo para el que, subrayaron, todavía queda mucho trabajo por hacer.
"En
estos momentos no disponemos todavía de un tratamiento para pacientes
que tienen una lesión medular aguda. Nuestra esperanza es que este
trabajo nos conduzca a un medicamento práctico y seguro que se pueda
suministrar a los pacientes poco después de la lesión".
Pero antes de llegar a estas conclusiones, los científicos de la Universidad de Rochester realizaron diversos ensayos previos.
Experiencias anterioresAnteriormente, los investigadores ya
habían demostrado que, inmediatamente después de que se produzca una
lesión medular, la zona que la rodea se ve inundada de ATP, una fuente
de energía que mantiene vivas a las células del cuerpo.
Este hecho les llevó a investigar el uso de esa sustancia para reducir las consecuencias de la lesión.
Desafortunadamente,
el abuso de ATP como medio de tratamiento presentó efectos secundarios
que empeoraron más aún la lesión original. La aplicación de dosis de
este compuesto cientos de veces superiores a los niveles normales
supuso la muerte de numerosas neuronas motrices sanas.
Posteriormente,
los investigadores intentaron inyectar ATP oxidado a las ratas con
daños en la columna vertebral, un compuesto que se sabe que puede
bloquear los efectos del ATP normal.
Aunque,
en ese caso, los animales fueron capaces de recuperar gran parte de la
movilidad de sus miembros, hasta el punto de poder volver a caminar, el
ATP oxidado produjo toda una serie de efectos colaterales nocivos.
Además,
para que esta sustancia resultara efectiva, debía ser inyectada
directamente en el lugar de la lesión, una opción peligrosa en el caso
de la médula espinal.
Punto de partida esperanzador
En
este sentido, uno de los grandes avances de la última investigación es
que el BBG, el compuesto químico equivalente al tinte alimentario azul,
podría suministrarse por medio de una inyección normal en cualquier
parte del cuerpo.
De este modo, la utilización del BBG abre la puerta a posibles nuevos tratamientos.
"Quizá
haya poco que podamos hacer para reparar una lesión traumática, pero
podemos intentar detener los efectos secundarios perjudiciales que
tienen lugar en la médula dorsal en las hora y días que siguen a la
lesión", afirmó el doctor Mark Bacon, jefe científico de la Fundación
para la Investigación de la Columna Vertebral.
"Lo
que parece que tenemos aquí es un avance prometedor en lo que se suele
conocer como tratamientos neuroprotectores. El hecho de que se trate de
un colorante alimentario común, lo convierte en un punto de partida
interesantísimo", agregó el científico.
Sin embargo, el doctor Bacon advirtió que es pronto para lanzar las campanas al vuelo.
"Las
cantidades de BBG que ingerimos con la comida no nos hacen ponernos
azules, como es el caso de los estudios con ratas. Esto hace pensar que
la dosis necesaria para proteger la espina dorsal de la toxicidad del
ATP es mucho, mucho más elevada que la que consumimos en el día a día.
Y debemos tener en cuenta que lo que es seguro en una dosis determinada
podría no serlo en otras", indicó el investigador. Comentarios reservados a usuarios registrados. Por favor ingrese al sistema o regístrese. Powered by AkoComment! |