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Hernias discales, entre el tratamiento conservador y las cirugías emergentes...
Sobrepeso, sedentarismo, ausencia de ejercicio físico y malas posturas
aceleran la degeneración del disco, por lo que conviene mantener una
cuidada higiene postural, además de practicar ejercicio de forma regular Las arrugas no son las únicas huellas que dan cuenta del paso de los
años. El organismo humano esconde otras, imperceptibles a primera
vista, que no siempre se manifiestan a través de los pliegues de la
piel o la pérdida del pelo. La enfermedad degenerativa del disco es una
de ellas, ya sea en forma de protusiones (degeneración del disco
anterior a una hernia) o de hernias discales y ciática. Este tipo de
desgaste afecta a gran parte de la población, hombre y mujeres por
igual, y es la causa más frecuente de incapacidad laboral por debajo de
los 45 años. Los expertos advierten de que muchos adultos sanos mayores
de 30 años pueden sufrir protusiones de disco (hasta tres) sin que sean
conscientes de ello. Se trata, por tanto, de un problema de salud cada
vez más frecuente cuyo tratamiento no tiene por qué acabar siempre en
la mesa de un quirófano. Esta decisión dependerá, en primer lugar, del tipo de afección: no es
lo mismo tener una hernia que padecer un dolor lumbar. Por este motivo,
en lugar de hablar de hernia se dice que un paciente sufre una
degeneración discal, que puede estar asociada a una hernia o no, igual
que el dolor. Aparición y prevención Las protusiones
y hernias discales no sólo se deben al proceso de envejecimiento del
disco. También pueden aparecer de manera repentina, motivadas por un
fuerte traumatismo. Por eso, las personas que en sus trabajos levantan
pesos son más propensos a sufrir la rotura de un disco intervertebral y
una hernia de forma aguda, así como los atletas debido a un gesto
súbito. El principal sistema de protección es el uso de fajas especiales. Pero
no es el único método. Como en otros problemas relacionados con la
espalda, es fundamental mantener un buen estado de salud, una cuidada
higiene postural y practicar ejercicio de forma regular. La buena
musculatura abdominal y del tronco reduce la probabilidad de
desarrollar una protusión o hernia discal. Por el contrario, el
sobrepeso, sedentarismo, ausencia de ejercicio físico y malas posturas
incrementan el riesgo de sufrir una hernia discal. El tabaquismo
también es un factor que favorece la enfermedad degenerativa del disco.
Tres tratamientos para un mismo problema Padecer una
hernia no es sinónimo, ni mucho menos, de visitar la sala de
operaciones. Se estima que el 80% de los adultos sufre algún dolor
lumbar a lo largo de su vida, pero sólo entre el 1% y el 2% precisan
cirugía. Principales tratamientos - TRATAMIENTO
CONSERVADOR: El tratamiento conservador o clásico se basa en reposar y
guardar cama durante unos días, evitar los gestos bruscos, utilizar una
faja preventiva y tomar antiinflamatorios. El objetivo fundamental es
aliviar el dolor. Ahora bien, si la hernia discal es de gran tamaño y
comprime las raíces del nervio ciático, las posibilidades de mejora se
reducen. Como parte de este tratamiento se utilizan los ejercicios
terapéuticos (estiramientos, flexión, extensión y ejercicios aeróbicos
de bajo impacto), en ocasiones combinados con la acupuntura -que
estimula la producción de sustancias endógenas del organismo como las
endorfinas, la acetilcolina y la serotonina-. La oxigenoterapia u
ozonoterapia, basada en una inyección de ozono en la zona afectada con
efecto inmunomodulador y antiinflamatorio, también se usa para aliviar
el dolor en procesos crónicos
- TRATAMIENTO INTERVENCIONISTA:
A mitad de camino de los tratamientos conservadores y de los
quirúrgicos se ubica el bautizado como tratamiento intervencionista. Se
basa en las infiltraciones de fármacos antiinflamatorios en el canal
epidural, en lugar de la administración mediante comprimidos. Los
responsables de su aplicación son los especialistas clínicos del dolor
o anestesistas. En ocasiones, basta una sesión para que los pacientes
mejoren, aunque es habitual necesitar más de una. Estos
antiinflamatorios desinflaman la raíz que comprime la herniación
discal. Entre los tratamientos más novedosos en este campo destacan los
utilizados por la Fundación Kovacs a partir del tratamiento de los
dolores lumbares debidos a hernias discales mediante el uso de material
quirúrgico -grapas- en las terminaciones nerviosas de la piel para
aliviar el dolor. Un procedimiento denominado neurorreflejoterapia.
-
OPERAR O NO OPERAR...: La medicina científica defiende que se recurra a
la cirugía si, transcurrido un periodo prudencial de tres a seis meses,
el paciente no ha mejorado. Se estima que en torno al 75% de los
afectados se recuperan con el tratamiento conservador, mientras que el
25% necesitan una intervención.
Las más frecuentes son: EXTRAER EL DISCO O DISCECTOMÍA.
Esta operación consiste en retirar la hernia y el dolor del nervio
ciático. El problema es que, una vez practicada, entre vértebra y
vértebra ya no hay un disco y, por lo tanto, con los años, el paciente
podría tener problemas. Hasta los 50 años, con una hernia discal pura,
sin artrosis u otras dolencias añadidas, la discectomía es la técnica
más utilizada. Una variante de esta técnica es la microdiscectomía
lumbar, la discectomía que se practica a través de una incisión
milimétrica en el raquis (la columna vertebral) con las técnicas de la
cirugía mínimamente invasiva -menos agresivas-. Con ella se reducen las
complicaciones en el postoperatorio, se permite acortar la
hospitalización y el tratamiento es menos costoso para el sistema
sanitario. Pero aún no está muy extendida. Con los métodos
tradicionales, el éxito de la cirugía es del 85%, lo que significa que
el dolor radicular desaparece. No obstante, el 5% de pacientes pueden
sufrir una nueva hernia discal y, entre el 10% y el 15%, dolor lumbar
residual. Como parte de las técnicas de cirugía mínima invasiva han
surgido varias, como la discectomía percutánea por aspiración del disco
y la discectomía percutánea por láser, pero en ninguno de los dos casos
se acercan a los niveles de éxito de la discectomía clásica. En cambio,
la microdiscectomía endoscópica, que permite visualizar las estructuras
que se están operando con un endoscopio, registra una tasa de
resultados del 90%. SUSTITUIR EL DISCO. El
disco soporta las presiones que se ejercen sobre la columna, actúa como
amortiguador y distribuye las cargas. Por estas razones se investigan
distintas posibilidades para su sustitución. En estos momentos se
utilizan las siguientes: - Prótesis de gelatina.
Está formada por un contenido gelatinoso cuadrangular y una envoltura
que sujeta al núcleo gelatinoso. La prótesis de gelatina no es la mejor
opción pero sí resulta más beneficiosa que sacar el disco y no colocar
nada en su lugar. De esta forma, se evita que con el paso de los años
aparezca de nuevo el dolor lumbar por la unión de las vértebras.
- Prótesis de metal y polietileno.
Equivalente a una prótesis de cadera o de rodilla. La prótesis de metal
es una plataforma metálica que se coloca entre una vértebra y la
siguiente como una "bola" o esfera de polietileno. La ventaja, tanto de
esta prótesis metálica como la de gelatina, es que preservan la
movilidad entre las vértebras.
TÉCNICA DE FUSIÓN:
Es la más frecuente y segura para los pacientes que, además del disco
herniado, sufren de artrosis o desgaste del segmento enfermo. Consiste
en colocar, en el lugar del disco, una especie de caja del disco y un
injerto del hueso, lo que haría desaparecer el movimiento entre las dos
vértebras. Esta técnica se conoce como fusión vertebral y elimina la
función del disco enfermo. Su ventaja es que conserva el espacio y la
altura, pero excluye la movilidad entre los segmentos de las vértebras
para evitar la lumbalgia. Suprime el dolor, pero también la movilidad.
Consejos a seguir después de la cirugía Hace unos años, después de sufrir una cirugía de la hernia de disco,
los pacientes debían permanecer ingresados en el hospital entre una y
dos semanas. Pero los progresos alcanzados en los últimos años con la
anestesia han permitido reducir este tiempo de permanencia en el
hospital a 24 - 48 horas. Ahora bien, conviene seguir el postoperatorio
en su domicilio, así como determinadas pautas: Durante las dos primeras semanas:
El recién operado debe utilizar una faja lumbar que se colocará cuando
se levante de la cama, así como tomar la medicación indicada y cuidar
de su herida quirúrgica, que ha de mantener limpia y seca. Conviene que
se siente en sillas altas o, en caso de no disponer de ellas, que se
utilicen un par de cojines y, si es posible, con reposabrazos. Durante
este periodo es recomendable sentarse sólo para comer, cenar o utilizar
el inodoro. El resto del tiempo hay que permanecer en cama y caminar
todos los días durante breves periodos de tiempo que aumentarán según
las indicaciones médicas. Tercera semana: En la
tercera semana después de la intervención lo habitual es que el
paciente se sienta muy recuperado, aunque pueda notar algún síntoma en
forma de hormigueos o falta de sensibilidad en las piernas, incluso
algún dolor en la espalda cuando la mueve. - La faja ya no es necesaria, aunque se puede utilizar si el paciente se siente más cómodo.
-
La herida debería estar cicatrizada, con lo que no se precisaría ningún
apósito para cubrirla, aunque la cicatrización completa requiere entre
cuatro y seis semanas.
- El paciente ya puede sentarse en
sillas normales, no demasiado bajas, con los glúteos pegados al
respaldo y sin doblar la espalda.
- Ya se puede salir de casa y caminar durante más tiempo con calzado deportivo.
- Hay que evitar el uso de escaleras, pendientes y rutas no asfaltadas.
- Se recomienda pasear con los pies descalzos por la orilla del mar, siempre que no haya mucha pendiente.
Cuarta semana:
Como parte de la recuperación, el paciente ya puede comenzar a bañarse
en la piscina, aunque debe descender con cuidado por la parte que no
cubre. Tras caminar durante un tiempo, hasta sentirse seguro, ya puede
nadar de espaldas. También puede optar por practicar otros deportes
como la bicicleta estática cinco minutos al día, durante los cuales
debe permanecer erguido, o bien caminar por un terreno llano, con
calzado cómodo y deportivo al menos una hora al día. Una vez finalizada
la cuarta semana, se debe acudir a la consulta del médico para
someterse a una revisión. Fuente: J. Sales Llopis, del Servicio de Neurocirugía del Hospital General Universitario de Alicante Prevención: - Practicar ejercicio físico de forma regular y mantener una buena musculatura abdominal y del tronco.
- Evitar el tabaquismo.
- No levantar cargas pesadas. Si es necesario hay que protegerse con una faja.
- Evitar los movimientos bruscos.
- Mantener una buena postura corporal.
-
Ante cualquier dolor lumbar, si persiste y no mejora mediante la
aplicación de calor local y estiramientos, hay que acudir a un médico o
especialista.
Fuente: Andrés Combalia, cirujano ortopédico y traumatólogo del Hospital Clínic, de Barcelona.
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