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En el campo de la medicina sexual hemos vivido unos cambios vertiginosos en los últimos años....
En el campo de la medicina sexual hemos vivido unos cambios
vertiginosos en los últimos años. Hemos pasado de considerar la
disfunción eréctil como un problema psicológico o psiquiátrico sin
ningún tratamiento eficaz a tener tratamientos eficaces y, lo que es
más importante, a saber mucho más del porqué de este problema.
La disfunción eréctil es un problema de salud tremendamente
frecuente. Se calcula que en Estados Unidos el 52% de los varones entre
40 y 70 años padecen este problema y hasta un total de 332 millones de
personas en todo el mundo.
Los vasos sanguíneos están recubiertos en su interior de una capa llamada endotelio vascular.
Este endotelio extendido ocupa una superficie igual a la de un campo de
fútbol. Tiene aproximadamente 1.013 células y pesa, en un adulto,
alrededor de 3.5 Kg. (corresponde al 5% del peso corporal total de un
adulto de 70 Kg.).
El pene es un gran órgano vascular y acumula gran cantidad de este
endotelio. Todas las circunstancias que dañan o pueden dañar los vasos
sanguíneos, (diabetes, tensión alta, colesterol alto, tabaquismo, falta
de ejercicio físico, obesidad etcétera) afectan negativamente al pene
y, por tanto, pueden provocar disfunción eréctil.
De esta manera nos damos cuenta de que los famosos 'factores de riesgo cardiovascular' son, al mismo tiempo y, de manera paralela, factores de riesgo para tener problemas de erección.
Además, sabemos por diversos estudios poblacionales que puede
existir una relación clara y secuencial (una cosa sucede detrás de la
otra) entre empezar a tener problemas de erección a una cierta edad
(por encima de los 45 años) y sufrir problemas de corazón importantes
(infarto agudo de miocardio). Se sabe que hasta el 40% de los pacientes
con disfunción eréctil tiene riesgo de sufrir problemas de angina o de
infarto. Y, no solamente eso, sino que la disfunción eréctil aparecería
precozmente (3-4 años antes) en caso de tener este problema.
Debemos darnos cuenta de que es algo así como una 'alarma interna' y, que gracias a ella, podemos adelantarnos, ya que nos debe hacer pensar que algo no marcha bien en nuestras arterias aunque nos encontremos aparentemente con la salud de un roble.
Es como 'la punta del iceberg', sólo notamos la pérdida de erección
(es lo que vemos del iceberg), pero debajo de la superficie del agua se
encuentra la gran masa de hielo, en este caso nuestras arterias
enfermas.
En resumen, debemos saber que cuando aparece la disfunción eréctil
debemos consultar con nuestro médico de Atención Primaria o urólogo.
Hay que controlar las enfermedades que pudiéramos
saber que padecemos y, lo que es más importante, buscar otras que
quizás estemos padeciendo y de las que no somos conscientes.
Debemos ser valientes y escuchar la llamada de nuestro corazón para
consultar. Seguro que nos pondremos 'manos a la obra' y llevaremos el
barco a buen puerto en lugar de chocar violentamente como el Titanic
contra el iceberg y hundirnos.
Hasta la semana que viene cibernautas, un feliz y saludable verano a los que inician hoy sus vacaciones. Juan Ignacio Martínez Salamanca es urólogo del Hospital Puerta de Hierro de Madrid.
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