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La cirugía de reemplazo de rodilla es costosa, pero vale la pena, en especial si la hacen cirujanos con experiencia, informaron investigadores estadounidenses.
Cada año, en Estados Unidos se gastan 11.000 millones de
dólares en 500.000 reemplazos totales de rodilla y una
proyección revela que eso aumentará siete veces para el 2030
debido al envejecimiento y el sobrepeso. El equipo de Elena Losina, de Brigham and Women's Hospital
y de Boston University School of Public Health, evaluó si las
cirugías en pacientes mayores de 65 años de Medicare eran
costo-efectivas, que es un umbral subjetivo según la cantidad
de años vividos con buen estado de salud. Nueve de cada 10 reemplazos de rodilla son exitosos; el
dolor de rodilla desaparece y los pacientes recuperan
movilidad, de acuerdo al estudio divulgado el lunes. En el estudio, la cirugía de reemplazo de rodilla y los
costos posteriores sumaron hasta 57.900 dólares por paciente,
es decir, 20.800 dólares más que en los pacientes tratados sin
cirugía. Los que recibieron rodillas artificiales vivieron un año
más en buen estado de salud que aquellos que no recibieron el
implante, y el equipo calculó unos 18.300 dólares de costo
anual agregado de buena calidad de vida. Eso, comparado con otros procedimientos para los huesos
envejecidos, fue "altamente costo-efectivo". La experiencia de los cirujanos en hospitales de alto
volumen quirúrgico aumentó la costo-efectividad de la cirugía,
como ocurre con muchos procedimientos complejos. Pero, en general, los resultados no fueron tan buenos para
los afroamericanos, los hispanos y los adultos mayores, publicó
el equipo en Archives of Internal Medicine. Empresas como Stryker Corp, Zimmer Holdings Inc, Johnson &
Johnson y Smith & Nephew fabrican las prótesis. El presidente Barack Obama consideró que los estudios de
costo-efectividad son una forma de reducir los costos de la
salud en Estados Unidos y evitar que los médicos inviertan
tiempo en procedimientos innecesarios. El paquete de estímulo federal incluyó unos 1.100 millones
de dólares para financiar ese tipo de estudios. Stephen Lyman, de Weill Cornell Medical College en Nueva
York, escribió en un editorial sobre el estudio que traducir la
costo-efectividad en práctica médica es como subir una montaña. "Por lo menos en Estados Unidos, los análisis serios de
costo-efectividad no influyen de manera directa en quienes
pagan y los médicos. Los que pagan no usan los resultados para
modificar las coberturas y los médicos tampoco las usan para
tomar decisiones terapéuticas", señaló Lyman.
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