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Dificultad para sonreír, abrir los párpados, hablar u otras acciones como respirar son algunas de las características de esta dolencia.
La miastenia es una enfermedad rara que padecen entre 100 y 150
personas por cada millón de habitantes, lo que corresponde a unas 6.000
en España. Esta enfermedad neuromuscular y autoinmune cursa a brotes
(de mejoría y agravación) y afecta a la contracción muscular, lo cual
se traduce en una pérdida de fuerza. A pesar de que puede aparecer a
cualquier edad, raza y sexo, es más frecuente en mujeres (3 a 2), sobre
todo jóvenes entre los 20 y los 40 años, y en hombres de los 50 a los
70 años.
La miastenia gravis no es una enfermedad degenerativa, ni contagiosa ni, tampoco, hereditaria. De origen desconocido, está provocada por el sistema inmunológico: las defensas del organismo fabrican anticuerpos que dañan las propias células. Estos anticuerpos se sitúan en los receptores que hay en las fibras musculares, los que, en principio, son los encargados de trasmitir al músculo las señales que llegan de las motoneuronas, responsables de generar y transmitir estos impulsos nerviosos que provocan la contracción muscular.
El timo, ¿la clave?
La razón de su aparición se desconoce, aunque los científicos están
convencidos de que el timo juega un papel crucial. Esta glándula del
sistema de defensa que se encuentra debajo del hueso del esternón, en
el tórax, es clave durante los primeros años de vida ya que de él surge
una parte del sistema inmunológico. Con el crecimiento del niño y a
partir de la pubertad, su tamaño queda reducido hasta convertirse en
tejido graso. Las investigaciones han mostrado que en los afectados de
miastenia gravis el timo tiene un tamaño anormalmente grande, en forma
de tumor (timomas).
Aunque las investigaciones no aclaran de manera exacta su función en esta enfermedad inmunológica, se apunta que, posiblemente, esta glándula provoque instrucciones erróneas en la producción de anticuerpos receptores de acetilcolina, creando una alteración en la transmisión neuromuscular. Además, los afectados por otras enfermedades inmunológicas, como artritis reumatoide o lupus eritematoso sistémico, tienen un riesgo mayor que la población general.
Debilidad muscular acusada
Personas con
otras enfermedades inmunológicas, como artritis reumatoide o lupus
eritematoso sistémico, tienen un riesgo mayor que la población general
La característica más específica de la miastenia gravis es la
debilidad muscular indolora y fluctuante. Suele empezar en los músculos
alrededor de los ojos, y se mantiene así únicamente en el 15% de los
afectados. En el resto de quienes la sufren se generaliza, afectando a
la musculatura de la zona bulbar, cuello y hombros, llegando a las
extremidades y, en los casos más graves, con afectación de los músculos
respiratorios. Por ello, la sintomatología depende del músculo o del
grupo muscular afectado. No obstante, los principales síntomas son
visión doble (diplopía) y caída de párpados (ptosis), dificultad para
hablar (disartria), tragar (disfagia) y debilidad en cuello, brazos y
piernas, e incluso crisis respiratorias. Llegado este punto, es preciso
intubar al paciente y asistirlo con ventilación mecánica.
Por sus consecuencias, un diagnóstico a tiempo evita el progreso de
la enfermedad, se consigue una mejor respuesta al tratamiento y mejor
pronóstico. Para confirmar la miastenia se efectúa, en primer lugar,
una revisión del historial médico del individuo. A partir de ahí, se
debe realizar un análisis de sangre para confirmar la presencia de
anticuerpos inmunes de los receptores de la acetilcolina, que se da en
la mayoría de los afectados -su ausencia no descarta la enfermedad-, y
exámenes físicos y neurológicos. Otra de las pruebas que se llevan a
cabo es la de edrofonio, en la cual se administra de manera endovenosa
cloruro de edrofonio, que bloquea la degradación de la acetilcolina,
aumentando transitoriamente sus niveles en las uniones neuromusculares.
La electromiografía, en la que se estimulan las fibras de los
músculos afectados y se comprueba que no responden a los estímulos
eléctricos repetidos, la tomografía axial computerizada (TAC)
o la resonancia magnética, para identificar una glándula del timo
anormal o un timoma, son otras de las exploraciones que ayudan a
revelar el diagnóstico, igual que pruebas de función pulmonar, que
ayudan a predecir y prevenir insuficiencias de los músculos
respiratorios.
La evolución de la miastenia se caracteriza por sus exacerbaciones
y remisiones. Sin tratamiento, las fases de más gravedad -que pueden
ser mortales-, aparecen entre los cinco y los primeros siete años, y en
un porcentaje que no llega al 10% de los afectados, se produce una
"curación", a veces sólo temporal, en los diez años a partir del
inicio, y la debilidad muscular desaparece del todo y los pacientes
pueden, incluso, dejar la medicación.
Día Mundial
Con motivo del Día Nacional contra la Miastenia gravis, el pasado 2 de junio, la Asociación Miastenia de España, AMES
exhortaba a las autoridades competentes a promover más y mejor
investigación para mejorar la calidad de vida, tanto de los afectados
como de sus familias; que la comunidad sanitaria tenga más información
para establecer un diagnóstico precoz, un tratamiento eficaz y
conseguir un mejor pronóstico.
A pesar de ser una de las enfermedades neuromusculares con mejor
pronóstico y no ser degenerativa, la miastenia gravis es muy
invalidante y provoca tanto alteraciones en la persona -en la
autoestima, en el carácter, estrés emocional, ansiedad, depresión...-
hasta cambios en círculos familiares, sociales y laborales, con todo lo
que ello implica. Para difundir lo que la enfermedad representa, AMES
ha realizado una campaña de sensibilización mediante diferentes actos
conmemorativos, como exposición de pósteres y dípticos informativos en
farmacias, centros de salud y distintos centros hospitalarios.
REVISIONES PARA MIASTENIA
El tratamiento disponible para la miastenia gravis, siempre
individualizado, controla la enfermedad y, a pesar de que ha
evolucionado notablemente en los últimos años (hace 50 años la
mortalidad era del 70%), todavía no hay ensayos clínicos que aporten
evidencia científica de peso. No hay medicamentos selectivos que
inhiban la respuesta defensiva del organismo (anticuerpos) sin alterar
el resto de la inmunidad, y los efectos adversos secundarios aún son
importantes.
Sin embargo, con el empleo de inmunosupresores, inmunoglobulinas y la extirpación quirúrgica del timo (timectomía), los afectados llegan a alcanzar una estabilización que les permite llevar una vida en condiciones casi normales. Todavía no hay ensayos que demuestren su indicación sin reservas, pero los estudios de casos apuntan que la plasmaféresis es beneficiosa a corto plazo. No obstante, los expertos insisten en que son necesarios más estudios, de mayor duración, mejor diseño y con un número mayor de individuos, que demuestren la compatibilidad de esta técnica con los tratamientos adicionales, así como su idoneidad a largo plazo.
Para la miastenia generalizada, las investigaciones realizadas con
algunos fármacos inmunosupresores indican que la ciclosporina, como
terapia única o administrada con corticoides, o la ciclofosfamida junto
con corticosteroides mejoran de manera significativa la enfermedad. Por
el contrario, los estudios realizados hasta ahora no muestran ningún
beneficio significativo de la azatioprina (sola o con esteroides) o el
tacrolimus (con corticosteroides o recambio plasmático).
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