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La capacidad de cada individuo de absorción de antioxidantes como la vitamina E determina su utilidad en enfermedad de Alzheimer, según un estudio español que se publica en Journal of Alzheimer's Disease. La molécula glutatión está relacionada con este proceso.
Desde hace un tiempo es conocido que el estrés oxidativo está
presente en los pacientes con enfermedad de Alzheimer (EA) y que a
mayor estrés, mayor pérdida cognitiva. A partir de esta realidad se
abrieron líneas de investigación para comprobar si la administración de
vitaminas antioxidantes, como la E, podía ser útil en su abordaje.
En
los últimos años varios trabajos han comprobado que algunas
manifestaciones de la EA no relacionadas con esa pérdida cognitiva,
como caídas, desorientación o pérdida de apetito, mejoran con esa
vitamina E y, con ello, ganó fuerza la hipótesis de que suministrarla
de forma indiscriminada a los pacientes podría tener resultados
beneficios.
Capacidad de absorción Sin
embargo, un grupo de investigación dirigido por José Viña, catedrático
de Fisiología de la Universidad de Valencia, ha demostrado que esa
realidad sería contraproducente, ya que su estudio sobre el impacto de
la vitamina E en la capacidad cognitiva de los enfermos de EA,
publicado en la revista Journal of Alzheimer's Disease,
revela variaciones importantes en función de su capacidad para
absorberla, llegando a tener incluso consecuencias negativas o de
empeoramiento.
En el estudio, realizado en
colaboración por los departamentos de Fisiología y Neurología de la
Universidad de Valencia, se han analizado 50 pacientes en los últimos
seis años.
Para poder comprobar el efecto
de la vitamina E y la evolución, "nos hemos basado en el análisis en
sangre de un marcador muy potente de estrés oxidativo: la molécula
glutatión". Gracias a este método, creado en la propia universidad hace
quince años, "hemos podido comprobar que en aquellos pacientes que
absorben bien la vitamina E y ésta actúa como antioxidante (se aprecia
un impacto positivo en el nivel de oxidación del glutatión), se retrasa
la pérdida cognitiva". Sin embargo, "los enfermos sin esta función se
quedan igual o, en el peor de los casos, esa pérdida cognitiva incluso
progresa más que en el grupo placebo".
Estos
datos "confirman que es necesario individualizar el aporte de vitamina
E a los afectados de EA" y, para ello, hay que realizar una batería de
estudios sobre su estatus oxidativo para ver en cuáles está indicada y
en cuáles no. Viña ha reconocido que "los análisis de sangre para
observar el estado de oxidación no son sencillos", pero si éstos son
factibles, "al cabo de una semana de suministrar vitamina E ya podemos
comprobar si se produce o no una mejora".
Futuro Viña
ha señalado que el grupo no ha profundizado en las causas del
empeoramiento cuando se suministra vitamina E, por lo que es una línea
de investigación que podría retomarse en el futuro. Pero, en su
opinión, la evolución a corto y medio plazo en EA y otras enfermedades
donde se produce estrés oxidativo pasa por buscar "vías de potenciación
de las defensas propias". Y ha añadido que el entrenamiento físico es
un campo con grandes posibilidades en este sentido.
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