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La Fundació Puigvert ha realizado el primer trasplante de riñón por vía laparoscópica que se realiza en el mundo, y que supone la reducción de la incisión de veinte centímetros que se realiza tradicionalmente hasta sólo siete, según explicaron en rueda de prensa los responsables de la operación.
La laparoscopia, que permite una intervención
quirúrgica mínimamente invasiva, ya se había utilizado en la extracción
de riñones, pero hasta la fecha no en la implantación. Los beneficios
de esta técnica incluyen la reducción del traumatismo quirúrgico, la
disminución del riesgo de complicaciones de la herida y el hecho de que
el dolor postoperatorio es menor y la recuperación más rápida. La
introducción de la cirugía laparoscópica en el mundo de la urología ha
sido una "revolución", al permitir colocar instrumentos ópticos de alta
resolución dentro de la cavidad abdominal a través de pequeñas
incisiones, según explicó el coordinador del equipo quirúrgico de
trasplante renal de la Fundación, el doctor Antoni Rosales. El
doctor Rosales explicó que "ofrecer una técnica de extracción menos
agresiva" conlleva el aumento de las donaciones de personas vivas, como
demuestra el hecho de que desde 2002 este tipo de donaciones aumentaron
en Catalunya desde el 2 al 6 por ciento. La incisión de siete
centímetros se practica por debajo del ombligo, mientras que
anteriormente se practicaba en un costado. MÁS DE TRES HORAS DE INTERVENCIÓN La
primera de las pacientes operadas mediante esta técnica "pionera" fue
intervenida hace dos semanas. Presentaba una insuficiencia renal
crónica en fase de pre-diálisis y fue dada de alta a los catorce días
con un funcionamiento renal normal. Al donante, su marido, se le
extrajo el riñón por el mismo método, en un proceso que duró tres horas
y 50 minutos aproximadamente, y movilizó a unas quince personas en
quirófano. La intervención quirúrgica es "similar a la extracción
de un feto por cesárea", según explicó Rosales, y se inicia con la
desecación de los vasos ilíacos, es decir, la arteria y la vena que van
hacia las piernas. El nuevo riñón se introduce con la mano dentro
de la cavidad abdominal preparada previamente, para conseguir un lugar
"estable" sobre el que trabajar. A partir de ahí, mediante instrumentos
de unos 30 centímetros de longitud y observando una cámara de
televisión, se realizan las operaciones oportunas para que el riñón
reciba y expulse la sangre. La fase final se completa con la conexión
del uréter que debe llevar la orina a la vejiga RÁPIDA EVOLUCIÓN El
doctor Rosales explicó también que la cirugía laparoscópcia está
evolucionando de forma "rapidísima", y que por tanto estas técnicas
irán mejorando en los próximos meses. Hasta el momento los pacientes
que se pueden acoger a este tipo de trasplante son únicamente enfermos
en fase de pre-diálisis y sin excesiva masa corporal. La
laparoscopia ha permitido la extracción de la vesícula viliar por el
esófago y del riñón por la vagina en el caso de las mujeres, por lo que
Rosales prevé una "evolución exponencial" que, entre otros aspectos,
permitirá trabajar en un futuro con un solo puerto, en vez de los tres
actuales, y la introducción de la robótica para automatizar parte del
proceso. El director del Servicio de Urología de la Fundación
Puigvert, el doctor Umberto Villavicencio, explicó por su parte que la
Fundación ha realizado desde el año 2000 unos 1.700 procesos
laparoscópicos, en la línea de reducir al mínimo las molestias
postoperatorias de los enfermos.
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