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La caída del cabello no es el único efecto de la quimioterapia; aunque sí es el más conocido. Detrás de los fármacos antitumorales, se esconden sin embargo otras curiosas toxicidades, que no son peligrosas, pero que sí pueden sorprender a los pacientes que las sufren si no están adecuadamente advertidos. La lengua blanca de la imagen o la desaparición de las huellas dactilares son dos ejemplos anecdóticos que estos días pueden leerse en las páginas de algunas revistas médicas.
'The New England Journal of Medicine'
recoge uno de estos casos espectaculares, pero no peligrosos. El de un
hombre cuya lengua se tiñó de un blanco intenso, como si le hubiesen
dado un baño de cera; un efecto de los fármacos que tal como vino también se fue, sin necesitar ningún tratamiento específico.
Se trata de "un hombre de 55 años con mieloma múltiple resistente a
la quimioterapia que fue ingresado en el hospital para recibir un
trasplante autólogo de células madre (obtenidas de su propia médula
ósea)".
Como norma, los pacientes que se van a someter a este tipo de
procedimiento suelen recibir un fármaco específico -palifermina- para
combatir un efecto secundario muy común, la infllamación de las células
que revisten el aparato digestivo, fruto de la terapia citotóxica. Esta
afección se hace patente por la inflamación de la lengua, la aparición de llagas o de fiebre, entre otros síntomas.
Tres días antes de recibir el trasplante, el paciente comenzó a
tomarse el citado medicamento, que cómo método protector estimula la
proliferación de células epiteliales. Cuando estaba cerca de completar
la pauta de tratamiento, su lengua se cubrió de "una placa blanca y
adherente que cubría toda la lengua".
Después de realizar un cultivo, los médicos vieron que los niveles de flora en la boca eran normales y descartaron la presencia de hongos en la lengua.
Pasada una semana, la placa blanquecina desapareció de forma espontánea
y no reapareció tras el trasplante. "La lengua blanca se observa de
manera común en pacientes tratados con palifermina y es muy probable
que refleje un aumento temporal en el grosor de la mucosa protectora",
apuntan desde 'NEJM'.
Sin huellas dactilares
La sopresa del paciente de la lengua blanca debió ser parecida a la que sintió el señor S. cuando fue retenido durante cuatro horas en el control de acceso a EEUU.
El motivo era que sus huellas dactilares habían desaparecido por
completo después de tomar durante varios meses capecitabina (una
quimioterapia que se toma en forma de pastilla) para tratar un tumor
nasofaríngeo.
Su caso ha sido relatado esta semana por su oncólogo (el doctor Eng-Huat Tan) en una carta remitida a la revista 'Annals of Oncology',
en la que aprovecha para advertir que las personas que hayan sufrido
este efecto secundario y quieran viajar a EEUU o a otros países
extranjeros, deberían llevar consigo una carta de su oncólogo en la que explique la causa de su problema.
El señor S., de 62 años, consiguió finalmente entrar en EEUU (donde
había viajado a visitar a su familia), cuando los oficiales del
aeropuerto se convencieron de que no representaba ninguna amenaza para
la seguridad del país.
Este mismo paciente sufría otro efecto secundario más habitual entre
quienes toman este mismo fármaco (que también se emplea para el cáncer
de mama, estómago o colon): el hormigueo en las plantas de los pies y de los manos.
Este efecto secundario, conocido desde hace tiempo, es lo que obligó a
un oncólogo madrileño a buscar un régimen de fármacos alternativos para
tratar a uno de sus pacientes, que era violinista de profesión y que no
podía permitirse perder la sensibilidad en los dedos.
Hormigueo y 'efecto cebra' en el pelo
Como reocnoce el doctor Juan Antonio Guerra, jefe del servicio de
Oncología del Hospital de Fuenlabrada (en Madrid), este tipo de
toxicidades anécdoticas no son extrañas. Algunos pacientes, por
ejemplo, sufren fuertes brotes de acné cuando toman
cetuximab para el cáncer de colon; "y cuanto más severa es la reacción
cutánea, más efectivo está siendo el medicamento", explica.
Otra sensación muy común entre quienes están empleandp el oxaliplatino para los tumores digestivos es una fuerte sensibilidad al frío.
Estas personas, pueden sufrir algún pequeño espasmo en la glotis si
toman bebidas muy frías, y se les recomienda no coger nada directamente
del congelador o pretegerse el cuello con una bufanda al salir a la
calle.
En el caso del cisplatino, uno de los quimioterápicos más clásico,
explica el doctor Guerra, además del ya mencionado cosquilleo en los
dedos, algunas personas pueden sufrir problemas de audición en los sonidos más agudos.
La razón es la misma en los dos casos, porque el fármaco afecta sobre
todo a los nervios más finos que tenemos tanto en los dedos como en el
oído interno.
Además, el doctor César Rodríguez, del Hospital de Salamanca, recuerda el caso de una señora cuyo cabello se tiñó parcialmente de mechones blancos a
causa del sunitinib (un fármaco empleado para tumores renales).
"Durante las cuatro semanas de tratamiento el pelo se le volvía blanco,
pero en las dos de descanso volvía a salirle de color negro", señala
para describir este peculiar 'efecto cebra'.
Lo más importante, como destaca el doctor Mariano Provencio,
oncólogo del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, es que hoy en día las
quimioterapias se toleran muy bien "y ya no tienen tantos efectos
secundarios como antes". Además, destaca, los oncólogos tienen las
guías necesarias para manejar estas reacciones, retrasando los ciclos
unos días o reduciendo las dosis. Al contrario, algunos de sus
pacientes le confiesan que se sienten tan bien por efecto de los
esteorides que acompañan a la 'quimio' que se sienten con ganas de
hacer el amor todos los días.
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