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Hallar un tratamiento específico que se dir¡ja a la base de la endometriosis es uno de los retos de la ginecología. Alicia Hernández, que ha coordinado un curso de actualización en esta patología en el Hospital La Paz, de Madrid, cree que los nuevos antiangiogénicos y los agonistas dopaminérgicos representan las opciones terapéuticas más prometedoras.
El Hospital Universitario La Paz, de Madrid, ha celebrado un curso
de puesta al día en endometriosis, enfermedad que supone un desafío
para los ginecólogos y que exige un abordaje multidisciplinar por la
complejidad de su diagnóstico y tratamiento.
Alicia
Hernández, del citado hospital, ha explicado a DIARIO MÉDICO que el
conocimiento de las bases biológicas es uno de los puntos en los que
los profesionales están más avanzados. La endometriosis se define por
la presencia de glándulas y estroma fuera del útero, su lugar habitual:
"Parece que el endometrio sale por menstruación retrógrada por las
trompas. Una de las claves es saber hasta qué punto este proceso es
fisiológico o patológico".
Hasta un 85-90
por ciento de mujeres pueden tener menstruación retrógrada, aunque aún
no se ha dado con la clave que permita discernir "por qué en unas se
desarrolla la enfermedad a partir del endometrio fisiológico y en otras
no". La ovárica es la endometriosis más frecuente, ya que sólo un 18
por ciento de los casos se califican de "profundos"; aunque este tipo
es de comportamiento más benigno, crea mayores problemas de esterilidad.
Inflamación, angiogénesis Aparte
de la menstruación retrógrada, la mujer que desarrolla la enfermedad
tiene un ambiente peritoneal de alteración de los mecanismos de
proliferación.
El
factor de crecimiento vascular (VEGF, por sus siglas en inglés) tiene
mucho que ver con estos fenómenos de crecimiento e implantación en la
mujer que desarrolla endometriosis, aunque no se trata de un factor
único; la influencia de la angiogénesis y de moléculas como las
interleucinas y factores inflamatorios también predisponen a su
aparición. En definitiva, la causa estaría en un microambiente
peritoneal de inflamación y proliferación.
Los
nuevos tratamientos contra la angiogénesis forman parte del futuro
abordaje. Los agonistas dopaminérgicos prometen un tratamiento efectivo
gracias a su labor de disminución del factor VEGF, mientras que "los
estudios de proteómica y genómica facilitarán la llegada de nuevas
alternativas terapéuticas". Los tratamientos
actuales van dirigidos contra los estrógenos, cuyos niveles aparecen
aumentados en la enfermedad. Aunque el hipoestrogenismo mitiga el
dolor, faltan tratamientos que se dirijan específicamente a la base de
la enfermedad.
Clínicamente hay diferentes
síntomas de la enfermedad, pero Hernández cree que pueden resumirse en
infertilidad y dolor, que puede llegar a ser incapacitante. Como unidad
de referencia nacional, el servicio de Endometriosis de La Paz cuenta
con una serie importante de pacientes: en el 19 por ciento de los casos
de dolor, éste era incapacitante. Con respecto a la infertilidad,
"hasta un 30-35 por ciento de mujeres afectadas la sufren. La forma de
paliarla son las técnicas de reproducción asistida; la vitrificación de
ovocitos es una herramienta innovadora y muy prometedora".
¿Da pie al cáncer? La
relación con el cáncer aún no está clara, ya que los profesionales se
debaten entre la casualidad y la causalidad: los tumores que se ven
asociados con la enfermedad podían existir desde el principio o ser una
degeneración maligna.
Hernández asegura
que, aunque la endometriosis es una enfermedad agresiva y mutilante, no
es oncológica: "Hay casos en los que el tumor puede haber degenerado al
no haberse producido un diagnóstico precoz, pero globalmente hay que
quedarse con la idea de que la endometriosis no es cáncer, aunque en
ocasiones se comporte como esta patología".
Este
trastorno desestructura todo el aparato genital y altera la anatomía,
lo que dificulta el abordaje quirúrgico: "Con los tumores avanzados se
actúa con radio y quimioterapia y después se puede optar por operar, o
no, pero en el caso de la endometriosis la enfermedad es benigna y hay
que operar directamente, lo que puede aportar más riesgos,
especialmente en la endometriosis infiltrativa profunda con afectación
del intestino y uréteres".
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