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Al mismo tiempo que aumenta el número de personas que conviven con los animales, los afectados por este tipo de alergia se multiplican. La alergia al epitelio de los animales es un problema de salud
creciente. Para combatirla, la principal medida que aconsejan los
alergólogos consiste en evitar el contacto con la mascota que la causa.
Sin embargo, desprenderse del animal puede resultar muy difícil para
las personas que han establecido un vínculo afectivo con él, ya que lo
consideran un miembro más de la familia. ¿Qué hacer en esos casos?
La alergia al epitelio de los animales está cada vez más extendida,
puesto que aumenta el número de personas que conviven con mascotas. Si
hasta hace pocos años el gato, que causa una gran sensibilización, era
el animal doméstico que predominaba en los hogares europeos, ahora
empieza a incrementarse la presencia de mascotas exóticas que también tienen capacidad para provocar reacciones
alérgicas. Entre ellas, figuran los hurones e, incluso, las iguanas.
¿Qué animales de nuestro entorno doméstico o próximo pueden causar
alergias?: el perro, el gato, el hámster, el conejo, el caballo, la
cucaracha, así como otros animales de laboratorio, entre los que
figuran las cobayas, las ratas y los ratones. Esto significa que no
sólo las personas que conviven con ellos en sus domicilios pueden
sufrir alergia, sino también las que tienen contacto con estas
criaturas debido a su profesión, como veterinarios, biólogos o
investigadores.
Para que la alergia se desarrolle es necesario tener un contacto
previo. Esta alergia no tiene por qué manifestarse de forma inmediata,
sino que puede tardar años en aparecer. Las sustancias que tienen estos
animales con capacidad para producirla -o alérgenos- son varias; se han
identificado distintos alérgenos en la caspa, la saliva, la orina o la
piel (epitelio).
En realidad, la verdadera causa de la alergia a estos animales son
unas proteínas que se hallan en su saliva y su orina. Al lamerse u
orinarse, estas proteínas quedan pegadas al pelo de los animales y,
cuando se secan, se desprenden, quedan flotando en el ambiente y la
persona alérgica las inhala, según informa José María Negro, alergólogo
del Hospital de La Arrixaca, de Murcia, presidente electo de la
Asociación de Alergología e Inmunología Clínica de la Región de Murcia
y responsable de su página web, AlergoMurcia.
El impacto de esta alergia
La verdadera causa de la alergia a estos animales son unas proteínas que se hallan en su saliva y su orina
El 5,7% de la población se considera alérgica a las caspas y
epitelios de los animales, según un estudio efectuado en una muestra
representativa de la población española en 2005. En dicho sondeo
telefónico se consultó a 4.506 hogares, se visitaron 2.506 de ellos y
se obtuvo información de 15.390 ciudadanos. Además de ese dato general
del impacto de la alergia al epitelio y las caspas de los animales, se
averiguó que la rinitis es el cuadro clínico más común, seguido del
asma.
En el caso de perros y gatos, las dos mascotas que siguen siendo
más comunes en nuestro país -a pesar de la creciente afición por las
exóticas-, en el estudio mencionado anteriormente se demostró que la
sensibilización producida por el gato supera de forma notable a la
inducida por el perro, de modo que los pacientes con mascotas felinas
sufren una mayor sensibilización y presentan síntomas típicos de la
alergia mucho más acusados.
Los síntomas que denotan la alergia a los epitelios y caspa de los
animales son los estornudos, acompañados o no del taponamiento de la
nariz; el picor en ojos, nariz, garganta y oídos; lagrimeo y
enrojecimiento de los ojos o, incluso, conjuntivitis; la rinorrea o pérdida de "agüilla" por la nariz, lo que obliga al afectado a
utilizar varios paquetes de pañuelos al día; el llamado saludo
alérgico, que consiste en frotarse la nariz hacia arriba, lo que puede
producir un surco horizontal en la nariz; asma alérgica que puede ser
grave; tos irritativa; dificultad respiratoria y pitos (sibilancias), y
opresión en el pecho, según Negro.
Todos estos síntomas pueden ser muy molestos y tener un gran
impacto en la calidad de vida de quienes los sufren. Sin embargo, no
siempre es sencillo identificar cuál es su origen, ya que se pueden
confundir con los de un cuadro catarral o gripal. Por lo tanto, un
aspecto fundamental antes de tomar medidas frente a la alergia, es que
un pediatra o un médico de familia examinen a los pacientes con sospecha de esta enfermedad y, cuando sea necesario, los deriven a un alergólogo.
Desprenderse del animal, una decisión difícil
La principal medida que aconsejan todos los alergólogos ante la
alergia al epitelio de los animales es evitarlos, pero la experiencia
personal con estas criaturas hace inviable, en muchos casos,
desprenderse de ellas. "Las medidas son difíciles, porque consisten en
evitar al animal. Normalmente, cuando la alergia es a los gatos o a los
perros, a la gente le cuesta deshacerse de ellos. En cambio, cuando se
trata de un hurón o este tipo de mascotas curiosas, los enfermos que he
controlado las han dejado", comenta el experto del hospital murciano.
Además, retirar al animal del domicilio no es sinónimo de un éxito inmediato. Los alérgenos del
animal pueden permanecer en la casa mucho tiempo después de que la
mascota haya salido. Si se trata de un gato, por ejemplo, los alérgenos
persisten un promedio de 20 semanas después de haberlo sacado de la
vivienda. Esto se debe a que las proteínas alergénicas de los animales
tienen una gran capacidad para pegarse en los muebles y la ropa.
En el caso de otros animales que no viven estrictamente en el
domicilio, como el caballo, al alérgico también puede resultarle muy
duro privarse de su compañía. Una solución, si el paciente lo acepta,
es que un familiar u otra persona que se haga cargo del equino. El
cuidador debe ducharse y cambiarse de ropa cada vez que, después de
cuidar de él, tenga que acudir a visitar al alérgico. Como ocurre con
los gatos, esta medida higiénica está justificada porque los alérgenos
del caballo se quedan pegados en la ropa de montar.
CONSEJOS PARA LOS AFECTADOS
El primer paso para tomar medidas frente a una alergia es
comprobar, efectivamente, cuál es la causa -los alérgenos- que la
provoca. Acudir al médico y al alergólogo es fundamental para recibir
el diagnóstico preciso. Una vez se haya confirmado ¿qué se puede hacer
cuando, por razones sentimentales, a una persona le resulta duro e,
incluso, imposible retirar a su mascota del domicilio? Aun en estos
casos, hay opciones para prevenir las crisis alérgicas, como el
tratamiento con vacunas (inmunoterapia), y para paliarlas, como el
tratamiento sintomático.
Los alergólogos aconsejan, además, que se adopten una batería de medidas en el hogar para ayudar a prevenir las crisis alérgicas, como no permitir de
ninguna forma que el animal entre en las habitaciones donde, de manera
habitual, hace vida el paciente; tener la puerta del dormitorio siempre
cerrada; mantener al animal alejado de las alfombras, las cortinas y
los muebles tapizados como los sofás, y usar, para la limpieza,
aspiradores con filtro HEPA.
También recomiendan lavar a los animales una o dos veces por semana
y después del baño aplicarles unos productos que ayudan a evitar la
descamación del epitelio y que están disponibles en el mercado. Se
trata de lociones capaces de eliminar restos de suciedad de la
superficie, incluyendo los que pueden actuar como alérgenos, tales como
epitelios, restos de orina y saliva. Asimismo, en el caso particular de
los gatos, se ha comprobado que la castración disminuye el riesgo del
alérgeno mayor, según información aportada por José María Negro,
alergólogo del Hospital de La Arrixaca, en Murcia.
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