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Parejas lesbianas comparten sus gametos para que ambas mujeres participen activamente de la maternidad. Llega el «baby boom» gay.
Tres
parejas lesbianas serán las primeras españolas en gestar hijos mediante
una novedosa aplicación de las técnicas de reproducción asistida. El
procedimiento, que ya ha sido bautizado como ROPA, acrónimo de
Recepción de Óvulos de la Pareja, es básicamente una fecundación 'in
vitro'. Nada médicamente nuevo, aunque socialmente representa una
revolución. Dos mujeres se 'unen' para concebir un hijo: una pone el
óvulo y la otra el útero. El primero se insemina con esperma de un
donante anónimo y el embrión resultante se transfiere a la matriz de la
segunda, que llevará adelante la gestación.
En los próximos meses nacerán los primeros bebés ROPA en Barcelona
gracias a la intervención del Instituto de Reproducción Cefer, un
centro que está en contacto con otra decena de parejas interesadas.
Pronto le seguirán otras clínicas, ya que la Comisión Nacional de
Reproducción Asistida, un órgano consultivo dependiente del Ministerio
de Sanidad, dio el pasado diciembre su beneplácito al procedimiento.
Desde que se legalizó el matrimonio homosexual en 2005, la paternidad
gay patria ha experimentado un 'boom'.
La irrupción del método ROPA en las clínicas de reproducción
asistida para que las parejas lesbianas procreen hijos puede generar
polémica. Ocurre con cada innovación en este campo. De hecho, la
demanda para este tipo de tratamiento no es nueva. El Instituto
Valenciano de Infertilidad (IVI) ha recibido solicitudes en los últimos
años pero no ha sido hasta ahora, tras el pronunciamiento de la
Comisión Nacional de Reproducción Asistida, cuando se plantea llevarlo
a cabo.
«Legalmente no se contempla esta posibilidad y se contradice con
otras normas, ya que se entiende que la donación de óvulos debe ser
anónima y en este caso no sucede. Habrá que solicitar autorización a la
administración sanitaria regional», opina Agustín Ballesteros, director
de IVI Barcelona.
Su colega Simón Marina, director del Instituto de Reproducción
Cefer, también en Barcelona, y Bonaventura Coroleu, presidente de la
Sociedad Española de Fertilidad (SEF), discrepan de esta interpretación
de la normativa. «No apreciamos que sea ilegal. Y no sólo por el
pronunciamiento de la Comisión. Hasta 2005 estaba poco claro, pero a
partir de entonces, al equipararse los derechos del matrimonio
homosexual con el heterosexual no se puede considerar donación, sino
que un miembro de la pareja comparte sus gametos con el otro, lo mismo
que ocurre cuando el marido cede su esperma a la mujer», subraya Marina.
Es esta 'lectura' la que ha permitido que tres mujeres tratadas en
Cefer ya porten en sus úteros los embriones creados a partir del óvulo
de su pareja y el semen de un donante. «La razón es favorecer una mayor
participación de los dos miembros de la pareja, que la otra no sea una
simple acompañante. Así, ambas tendrán derechos y obligaciones sobre
ese bebé», explica su director.
DEMANDA CRECIENTE
El método ROPA (ver gráfico) es aún poco conocido, pero los centros
de medicina reproductiva creen que cuando se den a conocer los primeros
casos aumentará la demanda. Eso sí, siempre que las parejas puedan
afrontar el desembolso de unos 4.000 euros, el precio de esta
intervención.
Las lesbianas constituyen una parte cada vez más importante de la
clientela de las clínicas de fertilidad. Y es que la reproducción
asistida es actualmente una de las vías preferentes para crear una
familia homoparental. Se desconoce el número exacto de mujeres
homosexuales que recurren a ella, pero se sospecha que es alto.
Así lo indican, al menos de forma indirecta, algunos datos. El 2,7%
de las féminas que se quedan embarazadas en España gracias a la
aplicación de estas técnicas no tiene pareja y en algunas clínicas se
ha constatado que el número de solteras se ha multiplicado por cinco en
los últimos años.
El método más popular es la inseminación artificial. En primer
lugar, porque la primera ley de reproducción asistida, promulgada en
1988, reconoció la posibilidad de que la mujer optara en solitario a
este tratamiento para ser madre, aunque ya antes algunos centros lo
utilizaban porque, como señala Marina, «estaba permitido que una
soltera adoptara hijos».
La demanda se disparó tras la nueva ley de 2006, que reconoce
explícitamente la aplicación de este procedimiento en parejas lesbianas
y el hecho de que las dos miembros figuren como progenitoras en el
libro de familia si están casadas. Este cambio ha propiciado, además,
el turismo reproductivo de parejas gays procedentes de países como
Italia, donde esta opción es ilegal, o de Reino Unido y Suecia, donde
la cifra de donantes de esperma ha caído después de que se decidiera
que su identidad dejaba de ser anónima.
El registro de la SEF, al que aportan datos 130 centros de
fertilidad españoles, anotó en 2006 un total de 5.790 ciclos de
inseminación con esperma de donante. En el IVI de Barcelona, el 40% de
las muestras de semen que se solicitan es para mujeres sin pareja.
Aunque no se pregunta la orientación sexual de las pacientes, se sabe
que muchas son lesbianas.
El coste del tratamiento ronda los 1.000 euros en los centros
privados. Desde 2006 las lesbianas pueden acudir en igualdad de
condiciones a los hospitales de la red pública a solicitar una
inseminación. Pero ello significa que afrontan, también en igualdad,
las largas listas de espera de estos servicios. La mayoría acaba
optando por abonar este precio.
CREAR FAMILIAS
La maternidad lesbiana es la parte más visible del denominado homo
'baby boom', un fenómeno propiciado por los progresivos cambios legales
ocurridos en los últimos años. Éstos han sido fundamentales para que
las parejas homosexuales se decidan a tener hijos. «Se han derribado
las barreras. Ahora tenemos el mismo reconocimiento que cualquier otra
familia», destaca María José Ariza, vicepresidenta de la Asociación de
Familias Lesbianas y Gays y madre, junto con su pareja, de dos hijos,
de cuatro años y 10 meses, gracias a la inseminación artificial. A esta
organización, con sede en Cataluña, están adscritas alrededor de 300
familias homoparentales.
El número exacto de hogares con dos papás o dos mamás se ignora. El
censo de 2001 recogía el dato de 3.000 menores que residían con parejas
homosexuales. Eso antes de que se legalizaran las uniones entre
personas del mismo sexo.
Otros datos muestran que la paternidad gay es una realidad social
emergente. Ariza afirma que sólo en su asociación se ha notado «un
crecimiento exponencial anual» en el ritmo de adscripciones. Se han
creado nuevas asociaciones de progenitores homosexuales en Madrid,
Valencia y el País Vasco, y en Andalucía se está constituyendo otra. El
año pasado asistieron 500 personas, entre niños y mayores, a la segunda
edición de un encuentro de familias homoparentales que se celebró en
Tarragona.
«Siempre ha habido hijos en estas parejas; lo que ha cambiado es que
ahora la paternidad ha entrado a formar parte de los recorridos vitales
disponibles de los homosexuales», puntualiza José Ignacio Pichardo,
profesor de Antropología Social de la Universidad Complutense de Madrid.
Pichardo publicará proximamente el resultado de su tesis doctoral
sobre familias homosexuales, basada en las entrevistas realizadas a 275
gays con o sin hijos. Su trabajo constata un cambio de mentalidad. «Los
de mayor edad descartaban tener hijos, pero la gente joven, o ya los
tiene o desea tenerlos. En su horizonte vital se incluye la
paternidad», explica.
Un estudio publicado en 2003 en la revista 'Human Reproduction'
certificó la motivación de las lesbianas a la hora de formar una
familia. El análisis comparó a un centenar de homoprogenitores con otro
de parejas tradicionales y concluyó que las gays mostraban un deseo
mayor de ser madres y meditaban mucho más su decisión.
Las clínicas acreditan este instinto maternal: hay parejas que han
repetido el tratamiento para que sus dos miembros 'vivieran' el
embarazo o para crear familias numerosas. En estos casos, se suele
facilitar la posibilidad de repetir el mismo donante para que los
hermanos compartan lazos genéticos.
Otros estudios han desterrado el miedo de muchas parejas a que sus
hijos fueran discriminados por la orientación sexual de sus padres o a
que pudieran ver alterado su desarrollo. Ariza afirma que la
experiencia de las familias homoparentales apuntala estos resultados:
«Nuestros hijos son felices, no están discriminados ni van al
psicólogo». Para visualizar esta realidad, la Asociación de Familias
Lesbianas y Gays ha elaborado el documental 'Homo Baby Boom', que
recoge la vida cotidiana de seis padres con sus retoños.
Una vez superados los mitos, llega la hora de la verdad: ¿Cómo puedo
crear mi familia? Las entrevistas realizadas por Pichardo desvelan de
qué manera han ido surgiendo muchas de ellas: a partir de los hijos que
alguno de los miembros de la pareja aportaba de una relación
heterosexual previa, o tras consentir un coito heterosexual con el mero
fin de tener descendencia, o con hijos gestados a partir de
inseminaciones caseras (la mujer se inyecta semen obtenido de la
masturbación de un varón).
La reproducción asistida allanó el camino a las lesbianas, pero para
las parejas gays masculinas las opciones se reducen. La principal
salida es la adopción, pero la internacional, mayoritaria entre las
parejas heterosexuales, les está prácticamente vedada. En cuanto a la
nacional, está reconocida para los solteros y, desde 2005, también para
las parejas homosexuales. Pero se trata de un proceso lento, laborioso
y que, en ocasiones, se retrasa para la pareja gay en función del color
político de la comunidad autónoma.
¿Y ELLOS QUÉ?
Son las razones por las cuales los homosexuales masculinos han
buscado otra alternativa: la gestación subrogada, más conocida como
útero de alquiler. Este procedimiento, legal en algunos países, no se
admite en España, aunque la SEF y los colectivos homosexuales
consideran que debería regularse su aplicación.
Es la salida por la que optaron Juan y su marido, una pareja
residente en la Comunidad Valenciana que tenía la sensación de que se
le estaba 'pasando el arroz'. Llevaban años en la lista de espera de
adopción. Sólo les ofrecieron acoger a una niña enferma de sida. «No
nos vimos capaces, aunque luego nos arrepentimos», dice Juan.
Finalmente, optaron por viajar a La Jolla, en California (Estados
Unidos), para intentar una gestación subrogada. «Teníamos la referencia
de unos familiares, una pareja heterosexual, que tuvo un hijo por este
procedimiento», explica. Sus mellizos están a punto de cumplir seis
meses y estos orgullosos papás son la primera pareja masculina cuyos
dos miembros figuran como progenitores en el momento de inscribir a sus
hijos en el registro español.
Antes que ellos, otros matrimonios gays españoles acudieron a un
vientre 'solidario,' pero sólo uno de sus miembros, el donante del
semen, se inscribió como padre. El otro tuvo que solicitar la adopción
para ser reconocido como segundo papá. Juan y Pedro lo consiguieron
tras plantear un pleito a la Dirección General del Registro y del
Notariado española. Lo ganaron porque un juez de Estados Unidos
reconoció a los mellizos como hijos de ambos. Ya tienen en sus manos el
libro de familia.
Su caso abre la puerta a que más parejas viajen a California para
conseguir la doble inscripción registral. El matrimonio valenciano
mantiene contacto a través de internet con otras 18 que han seguido el
camino de la emigración reproductiva. No todas podrán permitírselo:
Juan y Pedro se gastaron cerca de 180.000 euros en su empeño familiar.
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| ¿DE QUIÉN ES EL NIÑO? |
No existe convenio ni regulación internacional
que establezca quiénes son los padres a la hora de inscribir al hijo de
una pareja homosexual en el registro civil. Cada país aplica su receta,
lo que genera no pocas complicaciones. Javier Carrascosa, profesor de
Derecho Internacional Privado de la Universidad de Murcia, explica los
criterios de filiación que se siguen en España:
Como regla general se reconoce la filiación por adopción y la natural (hijo biológico de una pareja heterosexual).
La Ley de Reproducción Asistida de 2006 reconoce a ambos miembros
del matrimonio de lesbianas como progenitoras del hijo nacido por
inseminación artificial.
En el resto de supuestos, el padre no biológico debe iniciar un
proceso de adopción y después se inscribe como progenitor en el
registro.
El método ROPA no está regulado. Oficialmente, la madre sería la que da a luz al bebé.
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| EL ENTORNO HOMOPARENTAL, TAN PROPICIO O MÁS |
¿Tienen los niños que se crían en familias
homoparentales más problemas que los que se desarrollan junto a papá y
mamá? «Las investigación confirma que el tipo de estructura familiar no
influye en el desarrollo del menor y que éste depende del nivel de
estimulación, de apoyo social y de afecto que reciba», señala Alfredo
Oliva, profesor del departamento de Psicología Evolutiva y de la
Educación de la Universidad de Sevilla. Eso es, al menos, lo que ha
encontrado un estudio llevado a cabo en esta Universidad, junto con la
del País Vasco y con el asesoramiento de la de Cambridge (Reino Unido).
Tras visitar y entrevistar a más de 200 familias españolas de seis
tipos: tradicional, monoparental, reconstituida (segundas parejas con
hijos), homoparental, múltiple (con mellizos o trillizos) y adoptiva,
Oliva asegura que no observaron diferencias entre un tipo y otro y que
las homoparentales «son buenos contextos de desarrollo». Lo cierto es
que los progenitores homosexuales puntuaron un poco más alto que el
resto de familias en la calidad del contexto y el nivel de ajuste de
los menores. Esta ventaja se asoció al mayor nivel educativo y
socioeconómico que tenían estos padres. La estructura peor parada fue
la reconstituida. «Los que asumen su homosexualidad suelen ser
valientes, resistentes y socialmente competentes. Son un buen modelo
para criar niños», dice Oliva. |
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