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Parálisis facial: La cirugía que devuelve la sonrisa |
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Diario Mèdico (Sonia Moreno)
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martes, 14 de abril de 2009 |
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Quienes sufren una parálisis facial definitiva por un tumor o un accidente saben bien hasta qué punto pueden ser importantes unas secuelas que a veces los médicos consideran menores. La cirugía plástica y reparadora, que se remonta a principios del siglo XIX y que también ha incorporado técnicas quirúrgicas estéticas, se ha perfeccionado en los últimos años y está en condiciones de devolver a esas personas la simetría facial en reposo, la capacidad para cerrar los ojos e incluso, la sonrisa, al margen de mejorar las funciones de deglución y fonación.
La parálisis facial ha estado infravalorada desde un punto de vista
médico, a pesar de que repercute no sólo en las funciones ocular, de
fonación y de deglución, sino también en la capacidad para transmitir
emociones y, en definitiva, en la vida social del paciente. En la gran
mayoría de los casos las parálisis son de causa desconocida (parálisis
de Bell) y se recuperan solas, pero en el porcentaje restante, en torno
a un 10 por ciento, las parálisis son definitivas y constituyen la
secuela de patologías graves, como un tumor, un traumatismo o una
infección. A pesar de que muchas veces se ven como un problema menor
comparado con su etiología, existen múltiples técnicas quirúrgicas que
pueden solucionarlas.
Al margen de las experiencias
individuales, en España sólo hay dos unidades de cirugía específicas
para este problema: la dirigida en la Clínica Universidad de Navarra
por Bernardo Hontanilla y la del USP Hospital San Camilo, en Madrid,
que acaba de ponerse en marcha. Su responsable, Enrique Pérez Luengo,
explica que una unidad de estas características debe estar integrada
por cirujanos plásticos junto con un especialista en
otorrinolaringología, además de contar con el apoyo de las unidades de
diagnóstico por imagen, neurofisiología y rehabilitación.
Antes
de ponerse manos a a la obra, el equipo valora cada caso, puesto que
hay soluciones específicas. "El tiempo determina la elección de cada
una. El diagnóstico precoz resulta básico, pues conforme pasan los
meses se reducen las opciones del paciente y los resultados pueden
empeorar".
La ventana terapéutica para este tipo de parálisis se
sitúa en los doce meses: durante este periodo, sobre todo en los
estadios más precoces, se puede efectuar un abordaje cross-face, que
consiste en establecer un puente que conecte un nervio facial sano con
el enfermo; de esta forma, un único núcleo motor mueve los dos lados de
la cara.
Técnica más idónea A partir de los
seis meses de parálisis, la técnica más empleada es la anastomosis del
nervio hipogloso con el facial lesionado, de manera que el núcleo motor
del hipogloso gobierne el movimiento de la cara paralizada.
"Últimamente, se considera el empleo del nervio trigémino, que parece
obtener mejores resultados que el hipogloso", apunta Pérez Luengo.
Estas
técnicas de inervación no resultan útiles en la parálisis de larga
duración. Tales casos se ven abocados al injerto microquirúrgico de
colgajos musculares, habitualmente el músculo gracilis. La intervención
consta de dos fases: en una primera se efectúa el puente del nervio
facial sano al enfermo, y al cabo de unos meses se recurre al
autotrasplante muscular. El resultado suele resumirse en una sonrisa.
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