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El impacto emocional en los hermanos de bebés que fallecen en las unidades de terapia intensiva (UTI) neonatales puede ser enorme y a menudo produce ansiedad, que dura hasta la edad adulta.
Un equipo de investigadores de Dartmouth Medical School, en
Hanover, New Hampshire, dirigido por la doctora Joanna H.
Fanos, entrevistó a 14 hermanos, de entre 16 y 27 años, de
nueve familias de bebés que habían muerto en una UTI neonatal. Los investigadores hallaron que 11 de los entrevistados
padecían altos niveles de ansiedad y que siete tenían
"pesadillas reiteradas asociadas con su preocupación por la
muerte". Tres participantes tenían sentimientos de culpa. Muchos de ellos mencionaron que sus padres nunca habían
realizado el duelo por la pérdida del ser querido ni habían
recibido apoyo emocional. Siempre existía un aire de "secreto familiar" y
"desafortunadamente, los hermanos no habían hablado sobre el
tema en la familia, sino que cada uno luchaba en soledad",
escribió el equipo en The Journal of Pediatrics. El equipo también detectó que en el caso de aquellos
participantes que presenciaron la enfermedad de su hermano bebé
apreciaban cualquier participación que se les hubiera
permitido, como cargar o hablarle al bebé o llevarle regalos. Los rituales después de la muerte abrieron puertas a la
comunicación y las fotos y los objetos de recuerdo se
transformaron en tesoros. El equipo opinó que los médicos "deberían permitirles a los
hermanos de los bebés ser participantes activos de la corta
vida y la muerte de esos pequeños". Asimismo, "los servicios médicos y los familiares deberían
considerar por igual el uso de la consejería psicológica para
comprender mejor las respuestas emocionales a la muerte en la
UTI neonatal", agregó.
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