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Esta terminología hace referencia al embarazo en donde no hay embrión. Se manifiesta, por lo general, dentro de las primeras 12 semanas del embarazo y en la mayoría de los casos es debido a una malformación de los tejidos del óvulo o del espermatozoide, o porque durante la fusión de ambas células y su división se generaron daños considerables en la información genética.
Las células son absorbidas por el cuerpo de la
madre generándose una bolsa vacía (también llamado huevo huero). Ésta crecerá
durante algunas semanas produciendo hormonas que impiden el ciclo menstrual así
como el desalojo de la placenta. Por ello da la impresión de que la gestación
continúa presentando resultados positivos en los diferentes tests de embarazo,
así como en la manifestación de síntomas típicos de embarazo.
Estudios realizados determinan que este hecho
es generador de situaciones de aborto, y que el mismo puede llegar a reiterarse
en otras oportunidades, ya sean consecutivas, o esporádicas (pueden haber hijos
entre medio de suceso y suceso).
Detección
Al momento de acudir al especialista se hace la
evaluación por ultrasonido en dónde se detecta que no hay latido cardíaco
fetal. En otras ocasiones la mujer comienza a sentir algunos dolores similares a
calambres en el vientre, pudiéndose iniciar un sangrado vaginal de color
oscuro. Pueden producirse molestias por
contracciones en el útero, siendo las mismas cada vez más persistentes e
intensas, generando la expulsión total o parcial del contenido del útero (líquido
amniótico, bolsa gestacional y placenta). Si el desalojo es total no se
necesita tratamiento alguno, pero si es parcial se deber realizar una
dilatación y succión por medio de un legrado uterino para vaciar la matriz.
¿A quiénes les pasa
esto?
Esta situación le puede suceder a cualquier
mujer, independientemente de su edad.
No responde a ninguna patología específica, y su aparición no es
sinónimo de infertilidad ni implica que sucesivos embarazos puedan terminar de
la misma manera, así como tampoco se corresponde con otras problemáticas a la
hora de concebir.
¿Qué frecuencia tiene?
Puede suceder una vez, como varias, como
ninguna. Se ha detectado que éstos
episodios suelen reiterarse, pero recién al tercer embarazo consecutivo de
éstas características, se realiza el testado para evaluar si éste cuadro
obedece a patrones de alteración cromosómica, problemas en la coagulación
sanguínea, dificultad en los tejidos
uterinos, o responde a otras circunstancias.
Repercusiones a nivel
psicológico
El inicio de un embarazo siempre trae aparejado
una diversidad de sentimientos muy intensos, que oscilan entre la alegría de
una nueva vida que se está formando y la preocupación de los padres por influir
positivamente en el desarrollo adecuado de su hijo. En esta etapa se está muy pendiente de que
todo salga bien, ocasionando muchas veces un grado intenso de culpa y de auto-reproche cuando algo sale mal durante
la gestación. “Es claro que no se trata de que alguien asuma las culpas”, “lo
ocurrido no es algo que dependa de nadie”, “es producto de un proceso meramente
natural”. Estas frases parecen ser moneda corriente en los seres queridos que
acompañan el duelo vivido por la pareja, y a quienes también les resulta muy
complejo abordar dicha realidad sin sentirse afectados. Sin embargo, la pareja no se encuentra en condiciones
de analizar racionalmente lo que les está sucediendo. Generalmente los
sentimientos que experimenta son de un marcado desconsuelo y profunda tristeza.
La inevitable culpabilidad que se siente se traduce en “¿que hice yo”, o “que
no hice yo” para que esto ocurriese?, a lo que se corresponde una sensación de sentirse
incompletos, vacíos, con una auto-percepción de falla o avería resultando una
autoestima muy disminuida.
La pareja vive claramente una situación de
duelo, de pérdida desde múltiples sentidos. En primer lugar se pierde una
ilusión, la ilusión de ser padres, también se pierde la confianza en sí mismos
ya que se sienten responsables por lo ocurrido, y por ende incapaces de generar
algo bueno. Al atravesar por ésta circunstancia, la pareja puede poner a prueba
su propia consolidación. De todos modos se pierde aquella situación ideal que
se tenía hasta hace un tiempo atrás.
En el caso de la mujer la situación es todavía
más compleja, puesto que su cuerpo y por ende su esquema e imagen corporal se
encuentran muy expuestos. No olvidemos que todo se genera dentro de su cuerpo,
razón que despliega un sinfín de fantasías con relación a la vivencia de un
interior dañado y dañino. Al gestar algo indefinido, “que es pero no es”, produce
una extrema ansiedad confusional y por momentos estados persecutorios.
En muchas ocasiones esta problemática ocasiona
el rechazo o la ira hacia el médico, o hacia la pareja, buscando responsables.
En otras ocasiones, la pareja se afianza en base al difícil momento que
compartieron.
Recomendaciones
Particularmente las mujeres que han pasado por
este trance enfrentan la idea de concebir hijos con temor, pero luego de un
tiempo su situación mejora gracias a la confianza y ayuda de su pareja, del
médico, de un tratamiento psicológico, y del apoyo de los seres queridos. Cuando esta situación acontece es
necesario en primer término comprender el dolor que están atravesando esos
padres, y acompañarlos en su proceso de duelo. Más que palabras o explicaciones
necesitan apoyo, comprensión y contención. Respetando siempre el espacio de la
pareja la cuál debe sentirse apoyada, pero no invadida en su intimidad.
La estrategia se dirige al fortalecimiento de
las otras áreas de la vida como ser el
plano afectivo, laboral y familiar, para poder progresivamente superar el in
suceso. Aunque nunca se olvide la experiencia vivida, todo parece indicar que
la superación de dicho trance se obtiene cuando un nuevo embarazo se confirma y
desarrolla en condiciones normales.
Cabe subrayar que la gran mayoría de las
mujeres logra embarazarse posteriormente sin problemas, y que la realización de
estudios especializados en fertilidad se reserva a casos en donde hay tres
episodios similares consecutivos (aborto de repetición). Lo mejor que se puede
hacer es manejar la angustia, darse la oportunidad de asimilar la situación y
enfocarse en que el embarazo anembrionario no significa infertilidad. Para ello
la labor del ginecólogo de cabecera en cuanto a información y asesoramiento
debe ser crucial, contando asimismo con
un tratamiento terapéutico que habilite el espacio para trabajar sobre el
tema, recuperando paulatinamente la
confianza perdida en sí mismos, en la pareja y en sus propias capacidades para ser
padres.
¿Cómo manejar los
temores ante la posibilidad de un nuevo embarazo?
La situación, habida cuenta de la experiencia
vivida, es indudablemente difícil y no exenta de temores. De todas maneras es
recomendable manejar adecuadamente las expectativas. Para ello es recomendable
abstenerse de la concepción durante los siguientes tres meses tal como el
médico lo aconsejó.
El volver a intentarlo es un buen indicio de
superación.
En el caso de la confirmación de un nuevo
embarazo es aconsejable mantenerlo con discreción hasta por lo menos los tres
primeros meses para no generar falsas expectativas en ellos mismos y en los
demás.
En síntesis:
Las situaciones desconocidas siempre generan
temor y ansiedad sobretodo cuando no hay una razón que pueda explicar el porque
de estas cuestiones. Si bien se
contemplan la influencia de factores tóxicos, ambientales y emocionales, no se
ha alcanzado una respuesta exacta que explique éste fenómeno. Las fantasías
internas que pueden desplegar estos hechos siempre resultan más aterrantes que lo que la
realidad pueda llegar a indicar. Por ello es recomendable acudir a la
información y orientación profesional.
Porras & Van Rompaey Psicólogos Bartolomé Mitre 1337 Apto. 405.
+598 -2 916 57 59
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