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Un estudio muestra la universalidad de los sentimientos y pensamientos tras este tipo de sucesos.
Cuando se sufre una experiencia dolorosa existe la necesidad de
expresar lo que se siente en ese momento, y plasmar esos sentimientos
en un papel ayuda a superar el trauma a medio plazo, según concluye una
investigación que ha comparado, a través de la escritura expresiva, las
reacciones de españoles y estadounidenses tras el 11-M, que hoy cumple
su quinto aniversario, y el 11-S.
"Tras el 11-M tuvimos la oportunidad, por desgracia, de preguntar a
las personas que habían vivido esa experiencia directa o indirectamente
qué pensaban y cómo se sentían tras los atentados", explica al Servicio
de Información y Noticias Científicas (SINC) Itziar Fernández, autora
del estudio y profesora de la Universidad Nacional de Educación a
Distancia (UNED).
A partir de las narraciones de 325 personas residentes en Estados
Unidos y de 333 residentes en España, la investigadora y su equipo
examinaron cómo ambas poblaciones pusieron en palabras sus sentimientos
y pensamientos.
A través de un programa informático llamado LIWC (Linguistic
Inquiry and Word Count) se analizaron los textos y se constató que los
que más se benefician con la narración de los hechos traumáticos son
aquellas personas que utilizan más palabras cognitivas (de
introspección y causales), emplean un alto número de palabras
emocionales positivas, y realizan un cambio en los pronombres y en las
autorreferencias.
Conciencia de grupo
Los sentimientos sobre los sucesos (enfado, impotencia, miedo)
fueron similares entre ambos países, en el periodo comprendido entre la
tercera y la octava semana tras los atentados.
No obstante, se detectó una diferencia importante. "Mientras que
los estadounidenses tenían una visión más individualista, los españoles
narraron más sobre procesos sociales", señala el estudio. Por ejemplo,
tras el 11-S no se realizaron manifestaciones tan multitudinarias como
las que se produjeron en España.
Al margen de esta divergencia, la investigación concluye que
escribir sobre un trauma tiene efectos positivos a medio plazo (a
partir de los dos meses). "Aunque a corto plazo los síntomas afectivos
empeoran (narrar provoca revivir y agrava el estado de ánimo negativo),
a medio y largo plazo se encuentran mejor y visitan menos al médico",
indica.
Sin embargo, el efecto es contrario para el consumo excesivo de los
medios de comunicación. Así, se constató que al cabo de ocho semanas
tras el 11-M las personas que veían de manera repetitiva las imágenes
de los atentados se encontraban peor que aquéllas que prestaban poca
atención a la tele.
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