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La exposición a largo plazo a niveles elevados de ozono en superficie, un importante elemento constituyente de la contaminación atmosférica también conocido como ozono troposférico, eleva el riesgo de fallecer de enfermedad pulmonar, según un estudio de la Universidad de Nueva York. El trabajo, que se publica en la revista 'New England Journal of Medicine', evaluó el impacto del ozono en la salud respiratoria a lo largo de 18 años en ciudades estadounidenses.
El estudio descubrió que el riesgo de morir
de enfermedad respiratoria es un 30 por ciento mayor en las áreas
metropolitanas con mayores concentraciones de ozono que en aquellas con
menores concentraciones.
El trabajo es el primero realizado sobre
el impacto a largo plazo del ozono en la salud humana y el primero en
separar los efectos del ozono de aquellos de la materia particulada
fina, las pequeñas partículas de contaminantes emitidas por las
fábricas, coches y plantas energéticas. Según explica Georges D.
Thurston, uno de los responsables del trabajo, "muchos estudios han
mostrado que un día de ozono elevado conduce a un aumento en el riesgo
de efectos agudos sobre la salud al día siguiente, por ejemplo, ataques
de asma y ataques cardiacos". Thurston añade que lo que el
estudio señala es que para proteger la salud pública no podemos sólo
reducir los niveles más altos sino también la exposición acumulativa a
largo plazo. El ozono es la atmósfera más alta que protege contra
la radiación ultravioleta perjudicial. A nivel de superficie, el ozono
(O3) se forma cuando el dióxido de nitrógeno de los tubos de escape,
las plantas de energía y otras fábricas colisiona con el oxígeno en
presencia de luz solar. Considerado un contaminante secundario
debido a que su formación lleva tiempo, el ozono tiende a
concentraciones elevadas en los suburbios y zonas rurales situadas a
favor del viento. La materia particulada fina, un contaminante
importante, es más prevalente en las áreas de carreteras e industriales. El
estudio analizó datos de 450.000 personas que fueron seguidas de 1982 a
2000 como parte de un estudio de la Sociedad Americana del Cáncer.
Durante este periodo murieron 118.777 personas. Los datos, que incluían
la causa de la muerte, se vincularon a los niveles de contaminación en
96 ciudades utilizando un modelo estadístico avanzado para controlar
los factores de riesgo individuales. Los datos de ozono recogidos
entre 1977 y 2000 mostraron que California era la ciudad que tenía los
niveles de concentración de ozono más altos y más bajos en Estados
Unidos. Los investigadores estimaron que el riesgo de morir por causas
respiratorias aumentaba un cuatro por ciento por cada 10 partes por
millón de aumento en la exposición al ozono. Según estos
resultados, los investigadores señalan que la ciudad con la
concentración máxima de ozono diaria media en los 18 años de
seguimiento del estudio era Riverside. Esta exposición a largo plazo
acumulativa se correspondía con un aumento del 50 por ciento en el
riesgo de morir de enfermedad pulmonar en comparación con la no
exposición al ozono. Los Ángeles se encontraba la segunda en la lista,
con un 43 por ciento más de riesgo. La menor concentración de ozono se
observó en San Francisco, donde existía un 14 por ciento más de riesgo.
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