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La supervivencia de los pacientes en diálisis se reduce a nivel del mar.
Algunos deportistas entrenan a altitudes elevadas para mejorar su
rendimiento. A mayor altura, disminuye el oxígeno, lo que hace que el
cuerpo ponga en marcha toda una serie de mecanismos adaptativos para nutrir
la sangre. Como contrapartida, a nivel del mar, el atleta habituado a
las altitudes rinde más. Ahora, investigadores de la Universidad de
Harvard (EE UU) han podido comprobar que también los enfermos renales
pueden beneficiarse de los cambios corporales que ocurren a elevada
altitud. La tasa de mortalidad en estos enfermos cuando reciben
diálisis por encima de los 1.200 metros es hasta un 15% inferior a la
de los tratados en centros a nivel del mar, según un estudio
estadounidense publicado en JAMA.
La investigación se ha realizado con datos de más de 800.000
personas con enfermedad renal en fase terminal. En estos casos, los
riñones han dejado de funcionar de forma total o casi total. La única
opción es el trasplante. Si éste no es posible, se debe recurrir
entonces a sesiones de diálisis para depurar la sangre de los desechos
que normalmente debería eliminar el riñón. Los investigadores han
observado que la tasa de mortalidad disminuye conforme aumenta la
altitud. La mortalidad es un 3% menor en los enfermos tratados en
centros situados entre 76 y 609 metros de altitud. En los que se
sometieron a diálisis entre los 610 y los 1.218 metros, un 7% menor. A
partir de los 1.200 metros, la mortalidad disminuye hasta un 15%. El
investigador de Harvard Wolfgang Winkelmayer atribuye la diferencia a
la respuesta ante niveles bajos de oxígeno. En altitudes mayores, las
personas experimentan hipoxia (baja concentración de oxígeno). El
cuerpo responde aumentando la presencia de una hormona, la
eritropoyetina o EPO, que se produce en el riñón y que interviene en la
producción de glóbulos rojos. Si hay más glóbulos rojos, la sangre
lleva más oxígeno y todo el cuerpo se oxigena mejor. Los enfermos
renales tienen dificultades para sintetizar la EPO. Como parte del
tratamiento, a la mayoría se les suministra de forma artificial para
incrementar la producción de hemoglobina y combatir la anemia que con
frecuencia sufren. En los enfermos tratados a mayor altitud se
consiguen mayores concentraciones de hemoglobina con las mismas dosis
de EPO. La hipoxia también podría influir en la síntesis de algunas
enzimas que afectan el riesgo cardiovascular, la principal causa de
muerte en enfermos renales.
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