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Los fármacos antirretrovirales han logrado ofrecer a las personas infectadas por el VIH una mejor calidad de vida y más años para disfrutar de la misma. No obstante, conllevan algunos 'peros' y entre ellos se encuentran sus efectos secundarios. En concreto, el aumento del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, debido a la alteración en los niveles de los lípidos que provocan las pastillas. ¿Qué hacer entonces? Investigadores del Kaiser Permanente y de la Universidad de California (EEUU) acaban de demostrar que estos pacientes pueden beneficiarse sin problemas de las terapias para controlar el colesterol.
"Los pacientes con VIH que toman tratamientos como las estatinas
para reducir sus niveles de LDL (colesterol malo) no obtienen
exactamente los mismos resultados que los pacientes sin el virus pero aún así los beneficios conseguidos son importantes.
La terapia funciona en ellos", destaca Michael Silverberg, científico
del Departamento de Investigación del Kaiser Permanente y uno de los
autores del estudio que se publica en 'Annals of Internal Medicine'.
Los investigadores compararon a 829 pacientes seropositivos y a
6.941 individuos sin la infección que comenzaron a tratarse el
colesterol entre 1996 y 2005 para ver cómo los fármacos cambiaban los
niveles de LDL y triglicéridos en ambos grupos de personas.
Así observaron que entre las personas que tomaban estatinas, el éxito de la terapia era similar en los individuos con y sin VIH,
ya que la reducción de los niveles de LDL fue sólo un 2,7% menor en las
personas con sida que en el resto, independientemente de la clase de
antirretrovirales que estuvieran utilizando.
Influencia del antirretroviral
Mientras que el fármaco gemfibrozilo para bajar los
niveles de triglicéridos (moléculas de grasa que circulan por la
sangre) no mostró el mismo efecto en ambos grupos de pacientes, aunque
en este caso sí influía el tipo de antirretroviral. Aquellos
participantes con VIH en cuyo tratamiento predominaban los inhibidores
de la proteasa experimentaron una disminución de los niveles de
triglicéridos un 15% inferior que el que presentaron los pacientes sin
el virus. Sin embargo, en los seropositivos tratados con los
inhibidores de la transcriptasa inversa no nucleósidos el beneficio
obtenido a la hora de bajar los triglicéridos fue el mismo que en el
resto de personas.
Los tratamientos eran en general bien tolerados, aunque los individuos infectados por el virus tenían más riesgo de desarrollar rabdomiólisis, una lesión muscular que puede conducir a una insuficiencia renal.
Hasta ahora, las estrategias para controlar el elevado riesgo de
padecer una enfermedad coronaria que tienen los seropositivos pasaba
por modificar los estilos de vida, pero los autores de este nuevo
trabajo afirman que además "estos pacientes también pueden contar con
un tratamiento, lo que supone una muy buena noticia".
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