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La toxina B, y no la A, es la que confiere una mayor virulencia a 'C. difficile' |
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Diario Médico
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miércoles, 04 de marzo de 2009 |
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Un nuevo descubrimiento en torno al potencialmente mortal Clostridium difficile podría permitir nuevas formas para combatir la bacteria, según señala un estudio que se publica hoy en la edición electrónica de Nature. En él, un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina Chicago Stricht, en la Universidad de Loyola (Estados Unidos), revela que durante décadas la comunidad investigadora ha estado centrada en la toxina equivocada segregada por la bacteria en el colon.
Dale Gerding, primer firmante del trabajo, cree que "se trata de un
hallazgo que explica cómo causa enfermedad en humanos el Clostridium.
Supera el concepto que teníamos de qué toxina es definitiva en el
desarrollo patológico".
Los autores observaron que un ensayo
clínico en humanos que utilizaba un fármaco que se une a la toxina A
más que a la toxina B fracasó en el tratamiento contra Clostridium.
Gerding es claro en sus conclusiones: "Ahora sabemos por qué no fue
efectivo el tratamiento: la toxina B tenía que haber sido la primera
diana".
La investigación puede tener implicaciones en el
desarrollo futuro de terapias y medidas preventivas contra el
Clostridium, según ha explicado Stuart Johnson, otro de los firmantes:
"Cuanto más comprendamos sobre la forma por la que el organismo causa
la enfermedad, se obtendrán mejores dianas a las que dirigirse".
Con
la colaboración de un grupo australiano se desarrollaron cepas mutantes
de la bacteria. En la cepa en la que la toxina A se inhibió, el
organismo actuaba de forma más agresiva, causando la enfermedad. Si se
inhibía la toxina B, sucedía lo contrario.
Tan dañina como el sarmLa
Clostridium difficile fue descubierta en 1978 como causa de diarreas y
colitis asociadas a antibióticos. Libera dos toxinas, la A y la B, que
han protagonizado el estudio del grupo de Dale Gerding. En los últimos
años esta bacteria rivaliza con Staphylococcus aureus resistente a
meticilina (SARM) como una de las patologías emergentes que más afectan
al ser humano. Suele aparecer de forma más común en jóvenes, pero los
individuos mayores de 65 años tienen un riesgo mayor de desarrollar una
infección acompañada con peor pronóstico y más posibilidad de
fallecimiento. Los autores explican que su resistencia a alcoholes y
desinfectantes es la principal causa de su difícil erradicación.
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