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Los efectos adversos sufridos por dos niñas desatan la alarma. Sepa qué datos apoyan su seguridad y por qué se duda de su eficacia.
Los expertos piden calma. Las vacunas figuran entre los productos mas seguros, aunque no están libres de efectos adversos. La del papilomavirus tampoco y se asocia a una larga lista. La mayoría son previsibles y banales. Y lo ocurrido en Valencia es una rareza, pero Europa ya está alerta por si surgen nuevos episodios. El
mayor efecto adverso de la polémica suscitada hace unos días sobre la
sospecha de reacciones que pudo causar una vacuna contra el virus del
papiloma humano (VPH) en dos niñas españolas puede ser que la población
desconfíe de su seguridad y deje de inmunizar a sus hijas. Es el temor
que se acrecienta en la comunidad de especialistas que defienden la
idoneidad de esta medida preventiva y no cesan en sus llamamientos a la
tranquilidad. «Los datos que tenemos no nos hacen pensar que la vacuna
pueda estar involucrada, pero tampoco podemos descartar la relación»,
afirma Francisco de Abajo, jefe de la división de Farmacoepidemiología
y Farmacovigilancia de la Agencia Española de Medicamentos y Productos
Sanitarios (AEMPS), organismo adscrito del Ministerio de Sanidad y
Consumo.
Mientras las menores afectadas se recuperan en un hospital
valenciano del cuadro convulsivo que sufrieron entre 10 y 30 minutos
después de recibir una segunda dosis de Gardasil, una de las dos
vacunas contra el VPH que se comercializan en España, la opinión de la
comunidad médica se divide respecto a la conveniencia de esta
inmunización, introducida en 2006 en Estados Unidos y el pasado año en
los calendarios vacunales de la mayoría de los países europeos,
incluido el español.
Las sospechas sobre su seguridad son el último episodio de un
'culebrón' que se inició hace meses sobre su eficacia real y su elevado
precio, aderezado por la intensísima campaña de márketing promovida por
uno de los fabricantes y una no menos apasionada pugna política en las
proximidades del periodo electoral. Todos estos ingredientes han
convertido a esta vacuna en la más controvertida. Pero, ¿cuál es la
realidad? SALUD busca respuestas.
Más de 40 millones de dosis de Gardasil se habían distribuido en
todo el mundo hasta que el pasado día 9 de febrero se encendieron las
alarmas en la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios
(AEMPS). Los días 4 y 6 de este mes, dos niñas de 14 años sufrían una
«sospecha» de reacción adversa pocos minutos después de recibir la
segunda dosis de esta vacuna, que exige tres. La severidad del
trastorno obligó a ingresarlas en la unidad de cuidados intensivos de
un hospital valenciano, donde desde hace días se investiga cuál pudo
ser la causa de esta rara coincidencia.
Las adolescentes están siendo sometidas a un riguroso estudio
clínico para llegar a un diagnóstico que todavía se desconoce. Pero la
concurrencia de estos casos mantiene en alerta a los organismos
sanitarios europeos. ¿Pudo la vacuna ser el desencadenante? «Como ha
ocurrido inmediatamente después, se sospecha, pero nada nos sugiere que
sea la responsable», asegura Francisco de Abajo. «En este caso, la
prueba más importante va a ser la del tiempo. Si no se comunican más
casos en los próximos meses en otros países...», apostilla. Entre
tanto, estos son los argumentos a los que apelan las autoridades
sanitarias y los expertos para mantener vigente la campaña vacunal
contra el VPH.
¿Cómo se investiga la seguridad de las vacunas?
«Son los productos más seguros que tenemos», afirma Francisco
Giménez, miembro del comité asesor de vacunas de la Asociación Española
de Pediatría (AEP). Los controles antes de que lleguen al mercado son
exhaustivos y muy superiores a los de la mayoría de medicamentos. Este
mayor celo se justifica en el hecho de que se administran en población
sana, sobre todo en menores, y que serán utilizadas por millones de
personas. De ahí que se exija que previamente a su venta se prueben en
decenas de miles de personas, mientras que para autorizar un fármaco
bastan unos millares de pacientes.
El control no acaba ahí. Cualquier reacción adversa sospechosa
asociada a su uso debe ser comunicada por un profesional sanitario de
forma obligatoria al sistema de farmacovigilancia de la AEMPS, que
cuenta con 17 centros coordinados en las comunidades autónomas.
El problema es que, como reconoce María José Mellado, infectóloga
del Servicio de Pediatría del Hospital Carlos III de Madrid, «la
notificación no se hace todo lo que se debería». Hay muchas reacciones,
sobre todo menos graves, que no llegan a conocerse, lo que dificulta
realizar estudios de seguimiento posteriores.
Cada centro regional cuenta con técnicos que evalúan la gravedad del
caso y la potencial relación de causalidad. Estos datos se vuelcan en
una gran base nacional, Fedra, que a su vez conecta con la europea,
Eudravigilance. Además de este sistema de información automatizado, si
el caso reviste seriedad, como ha ocurrido ahora, la sospecha se
comunica directamente al resto de las agencias reguladoras europeas.
Cuando un producto se autoriza por la UE, la agencia europea del
medicamento, la EMEA, encarga a un país su estudio y seguimiento. La
responsabilidad de la vacuna del VPH recayó en Suecia, cuyos técnicos
están analizando pormenorizadamente el caso español.
¿Están exentas de efectos adversos?
«No, y cada cierto número de dosis se presentan. Es el precio que
hay que pagar por los beneficios que ofrecen», subraya Giménez. Mellado
aclara que las vacunas producen reacciones adversas «con mucha
frecuencia, aunque la mayoría son banales. Excepcionalmente, pueden
acarrear la muerte».
Luego hay que tener en cuenta que se administran a millones de
personas. Por muy amplios que sean los ensayos previos es complicado
detectar este tipo de efectos inesperados, Hay reacciones muy poco
frecuentes que no salen a la luz.
¿Cuál es el nivel de riesgo admisible?
En el caso de las vacunas, el riesgo tolerable es mucho más bajo que
con los demás fármacos. Sin embargo, no hay reglas establecidas. «No es
el mismo para cada producto y para cada enfermedad. Depende de si el
riesgo de la vacuna compensa el de las consecuencias que tiene la
enfermedad que evita», explica Enrique Bernaola, coordinador del Comité
Asesor de Vacunas de la AEP. «El nivel admisible es un juicio de valor
que contrastan los expertos en los comités de evaluación», señala De
Abajo.
Existen precedentes que respaldan el funcionamiento de los sistemas
de farmacovigilancia y que toda vacuna tiene un límite de riesgo
aceptable. En 1998 se retiró del mercado estadounidense un producto
contra el rotavirus (un patógeno que causa diarreas) después de que se
comprobara una tasa inusualmente elevada de casos de invaginación
intestinal (trastorno que produce obstruccion del intestino) en menores
que habían recibido esta inmunización. Algo parecido ocurrió con una
cepa (la Urabe Am9 o 'japonesa')del virus de la parotiditis (paperas)
empleada en una vacuna, que se asoció a una grave inflamación cerebral
(meningoencefalitis).
¿Qué reacciones se asocian a la del VPH?
La lista de efectos adversos descritas por el uso de Gardasil puede
inquietar, pero es muy similar a la de muchas otras vacunas. En Estados
Unidos, con 20 millones de dosis administradas a finales de 2008 se
habían registrado más de 10.000 sospechas, un 6% de ellas graves, así
como una veintena de muertes. En España, la AEMPS ha contabilizado 103,
35 de ellas calificadas de graves, aunque sólo dos han requerido
hospitalización.
Las más frecuentes son fiebre, enrojecimiento, dolor e hinchazón en
el punto del pinchazo. Otras menos habituales: linfadenopatía
(hinchazón de glanglios linfáticos), reacciones de hipersensibilidad,
síndrome de Guillain-Barré (trastorno que causa debilidad y parálisis),
coágulos (en mujeres usuarias de anticonceptivos orales), mareo, dolor
de cabeza, síncope, broncoespasmo, artralgia (dolor articular),
mialgia, astenia, fatiga y malestar general.
Esta vacuna lleva poco en el mercado, por lo que su seguimiento es
muy concienzudo. En este tiempo, algunos estudios han sugerido que
produce más reacciones anafilácticas que otras, aunque aún así la tasa
es baja. También se ha asociado a una mayor frecuencia de abortos en
mujeres vacunadas.
De Abajo considera «normal» la llamativa cifra y el amplio abanico
de efectos adversos comunicados en Estados Unidos, ya que el nivel de
notificación es «superior» allí, al no exigir que sea un sanitario el
que detalle el caso. Por otro lado, hay que tener en cuenta que
Gardasil se administra en tres dosis, frente a otras vacunas que se
inoculan una única vez. «Es lógico que se notifiquen hasta tres veces
más sospechas», reflexiona el directivo de la AEMPS.
¿Qué pudo causar las convulsiones?
Aunque raras, no son una reacción desconocida. Pero como señala José
Ángel Mauri, coordinador del Grupo de Estudio de Epilepsia de la
Sociedad Española de Neurología, en ocasiones se confunde el síncope
convulsivo, un trastorno más frecuente y menos severo, con las
convulsiones. El síncope, también conocido como síndrome vasovagal (o
popularmente como lipotimia), es una reacción adversa habitual cuando
se administran inyecciones. Los adolescentes parecen más proclives a
sufrirla. «Es una pérdida del conocimiento que produce el estímulo
doloroso. El corazón se ralentiza, baja la presión arterial y la sangre
no llega bien al cerebro. Suele durar unos 20 segundos. A veces puede
producir pequeñas sacudidas que se confunden con una crisis epiléptica;
es lo que se conoce como síncope convulsivo», explica el neurólogo.
Las convulsiones propiamente dichas se producen por otro mecanismo.
En este caso, las células del cerebro se irritan a causa de la acción
de un virus y se produce una descarga intensa que provoca las sacudidas
musculares. «Todas las vacunas pueden causar una reacción inmunológica
cerebral [encefalitis], que suele ser reversible, aunque en ocasiones
dejan secuelas», añade.
¿Pudo ser esto lo que les ocurrió a las niñas valencianas? Es una
hipótesis plausible, pero la secuencia temporal con la que se
manifestaron las reacciones plantea dudas. «Cuesta creer que se pueda
producir de forma tan inmediata, en apenas minutos. Deben transcurrir,
al menos, horas para que el virus llegue al sistema nervioso», opina
Mauri.
¿Por qué es tan polémica está vacuna?
Ha estado rodeada de controversia desde el inicio por motivos
diferentes a su seguridad. Numerosos médicos en todo el mundo han
planteado críticas respecto a su utilidad real para prevenir el cáncer
de cuello uterino. Muchos admiten que hasta que no se despejen las
dudas no van a vacunar a sus hijas adolescentes. En opinión de algunos,
la agresiva campaña de márketing desarrollada por uno de los
fabricantes han generado expectativas exageradas, al transmitir la idea
de que evita el 100% de los tumores.
Lo cierto es que lo único demostrado es que, tanto Gardasil como
Cervarix, previenen la infección contra dos de las cepas del VPH con
mayor capacidad de producir tumores de cérvix, la 16 y la 18. Si
previenen también el cáncer causado por estos patógenos no se sabrá
hasta dentro de 20 o 30 años, lo que tarda en desarrollarse la
enfermedad.
Pero, además del 16 y el 18, otra decena larga de papilomavirus
pueden provocar igualmente tumores. «Una vacuna se pone para evitar una
enfermedad. En este caso, se ha hecho para evitar un factor de riesgo y
esos virus no son el único», asegura Vicente Baos, coordinador del
Grupo de Utilización de Fármacos de la Sociedad Española de Medicina de
Familia y Comunitaria, una de las pocas que ha manifestado reservas
sobre la rapidez con la que se ha extendido el uso del producto.
Los defensores de sus bondades afirman que los genotipos 16 y 18 son
los más frecuentes a nivel mundial. Silvia San José, jefe de la Unidad
de Infecciones y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología, ofrece
datos preliminares de un estudio que está realizando esta institución
sobre alrededor de 15.000 muestras de tumores de cérvix de 36 países
del mundo. El trabajo confirma que en el 60% está presente el VPH 16
(de forma aislada), la del 18 baja al 6% y otros como el 33 y el 45
representan un 6% y un 4%, respectivamente. Estas cifras le permiten
«confiar» en que la vacuna tendrá un impacto «muy favorable» en la
reducción de los futuros casos de cáncer.
Otra incógnita es cuántos años durará la protección vacunal. Y su
elevado precio (unos 400 euros) ha generado encendidas discusiones. La
edad de administración también suscita diferencias. El pediatra Manuel
Merino es partidario de adelantarla a los 11 años, «ya que su eficacia
es máxima si se aplica antes del inicio de las relaciones sexuales». En
mujeres con 'experiencia', la efectividad de la vacuna baja al 17%.
Esperar a los 14 puede ser demasiado.
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| EL ELEVADO PRECIO DE LA DESCONFIANZA |
Controversias como la actual dan munición al
movimiento antivacunas, muy minoritario en España pero activo en otros
países. La desconfianza que se genera en la población podría tener
efectos devastadores, según advierten los expertos, y poner en peligro
el «tesoro vacunal», una de las medidas que más vidas salva cada año en
todo el mundo. Los temores no son infundados. El ejemplo más reciente
es el de las dudas que surgieron hace poco más de una década en el
Reino Unido sobre una posible relación entre la vacuna triple vírica
(sarampión, rubéola y paperas) y un mayor riesgo de autismo, un
trastorno del cerebro que deteriora la comunicación, la interacción
social y el comportamiento. La mecha que encendió la alarma social fue
un artículo publicado en 1998 en la revista 'The Lancet' sobre los
resultados de una investigación llevada a cabo en 12 niños y que
apuntaba esta hipótesis. El hallazgo fue presentado en una rueda de
prensa por un ex cirujano llamado Andrew Wakefield. Desde entonces, la
'bola de nieve' fue creciendo a una velocidad imparable hasta alcanzar
cotas de crisis sanitaria. Las tasas de vacunación del país cayeron
desde el 92% en los momentos previos a la publicación del citado
artículo, al 80%. Con menos del 95% de la población vacunada, Reino
Unido perdió su inmunidad colectiva frente al sarampión. Si en 1998 se
registraron 56 casos de la enfermedad, en 2008 se contabilizaron 1.348.
Sólo en 2007, la tasa de infección -que se ha cobrado en este tiempo la
vida de dos niños- creció un 36%. Entre tanto, se han gastado cifras
millonarias en estudios científicos diseñados para corroborar la
verosimilitud o falsedad de esta hipótesis. Ninguno ha podido demostrar
que la vacuna se relacione con una mayor probabilidad de desarrollar
autismo, sino más bien todo lo contrario. El incremento de casos del
trastorno se achaca a que ahora se diagnostica mejor. En febrero de
2004, el editor de 'The Lancet' se disculpó públicamente por publicar
el trabajo de Wakefield, después de que una investigación periodística
revelara que éste recibió financiación de un grupo antivacunas y que
las familias de 11 de los 12 menores incluidos en el estudio
participaban en demandas contra el fabricante. Un mes después, 10 de
los 13 investigadores que firmaron el trabajo con él se retractaron de
sus conclusiones. En 2007, el Consejo Médico General de Reino Unido
abrió un proceso por conducta antiprofesional contra Wakefield y otros
dos colegas. Pero el daño ya estaba hecho. |
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