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Desde los años setenta, los expertos en relaciones humanas han
popularizado la noción de "síndrome del nido vacío", un momento de
depresión y sentimiento de pérdida que afecta a los padres,
especialmente a las madres, cuando sus hijos se van del hogar. Decenas
de libros y sitios web han sido creados para ayudar a los padres a
enfrentar la transición. Simon & Schuster han introducido incluso
una "sopa de pollo para el alma", dedicado a los que quedaron con su
nido vacío.
Pero una creciente investigación sugiere que el fenómeno ha sido
malinterpretado. Si bien la mayoría de los padres extrañan claramente a
los hijos que se han ido a la universidad, a trabajar o se han casado,
también disfrutan de una mayor libertad y de una responsabilidad más
relajada.
Y a pesar de la preocupación habitual de que las parejas de larga
data se encuentren con que no tienen nada en común, la nueva
investigación, publicada en noviembre en la revista Psychological Science , muestra que la satisfacción conyugal, en realidad, mejora cuando los hijos, finalmente, deciden irse.
"No es que sus vidas fueran desgraciadas", afirmó Sara Melissa
Gorchoff, especialista en relaciones adultas de la Universidad de
California, Estados Unidos. "Los padres eran felices con sus hijos. Es
sólo que sus matrimonios mejoraron cuando sus hijos se fueron del
hogar."
Si bien eso puede no ser sorprendente para muchos padres, comprender
por qué los que se quedan solos tienen mejores relaciones puede ofrecer
importantes lecciones sobre la felicidad marital a los padres que aún
tienen varios años por delante para tener la casa libre de hijos.
Descubrimiento incómodo
Uno de los descubrimientos más incómodos del estudio científico
es el efecto negativo que los hijos pueden tener en las relaciones que
previamente eran felices. A pesar de la noción popular que los hijos
unen a los padres, varios estudios han demostrado que la satisfacción
conyugal y la felicidad habitualmente decaen con la llegada del primer
bebe.
En junio, la revista The Journal of Advanced Nursing
publicó un estudio de la Universidad de Nebraska, que evaluó la
felicidad marital en 185 hombres y mujeres. El resultado declinaba al
comenzar el embarazo y seguía bajo hasta que los hijos llegaban a los
5-24 meses. Otros estudios muestran que las parejas con dos hijos
tienen puntajes más bajos que las que tienen un solo hijo.
Si bien tener un hijo hace felices a los padres, sin lugar a dudas,
las limitaciones económicas y de tiempo pueden agregar estrés a la
relación. Después del nacimiento de un hijo, las parejas tienen
alrededor de un tercio de tiempo menos para estar juntos que el que
gozaban cuando no tenían niños, según los investigadores del estado de
Ohio.
La llegada de los hijos también representa una carga
desproporcionada en las obligaciones de las mujeres, fuente habitual de
conflicto marital.
Después de tener hijos, el trabajo de la casa aumenta tres veces más
para las mujeres que para los varones, según los estudios del Centro de
Población en Igualdad Social y de Género de la Universidad de Maryland.
Pero gran parte de la investigación en felicidad marital e hijos se
concentra en los primeros años. Para comprender los efectos con el paso
del tiempo, los investigadores de Berkeley rastrearon la felicidad
marital entre 72 mujeres, en un estudio llamado Mills Longitudinal
Study, que siguió a un grupo del alumnado del Mills College durante 50
años.
El estudio es importante porque rastreó la generación de mujeres que
cambiaron las tradicionales responsabilidades familiares por trabajos
fuera del hogar. Los investigadores compararon la felicidad marital de
dichas mujeres cuando tenían 40 años, es decir, cuando muchas aún
tenían los hijos en la casa, a principios de sus 50 años, cuando
algunas ya tenían hijos mayores que se fueron del hogar y cuando
cumplieron 60 años, cuando virtualmente todas tenían el nido vacío.
En todos los rubros, las que no tenían hijos en casa obtuvieron
mejor puntaje en felicidad conyugal que las que los tenían. El estudio
se asemeja al informe presentado el año pasado en la Asociación
Norteamericana de Psicología en el que se rastreó a una docena de
padres que habían sido entrevistados cuando los hijos se graduaron en
la escuela secundaria, y luego diez años más tarde. Ese pequeño estudio
también demostró que la mayoría de los padres obtuvieron mejor puntaje
en satisfacción conyugal luego de que los hijos dejaron el hogar.
Si bien los investigadores de Berkeley elaboraron la hipótesis de
que la mejoría en la felicidad conyugal provenía de la posibilidad de
pasar más tiempo juntos, las mujeres de ese mismo estudio informaron
que pasaban la misma cantidad de tiempo con sus parejas ya fuera que
sus hijos vivieran en la casa o no. Pero agregaron que la calidad de
ese tiempo era mejor.
"Hay menos interrupciones y menos estrés cuando los chicos están
fuera de la casa", aseguró la doctora Gorchoff, de Berkeley. "No era
que pasaban más tiempo juntos luego de que los hijos se fueran. Es la
calidad del tiempo compartido lo que mejoraba."
Destacó que la lección del nido vacío puede ser que los padres
necesitan trabajar para forjarse más tiempo compartido y sin estrés. En
el estudio de muestra sólo fue la satisfacción de la relación la que
mejoró cuando los hijos se fueron. En términos generales, los padres
estaban tan felices con los hijos en la casa como con el nido vacío (lo
que sucede cuando un hijo adulto vuelve al hogar por haber perdido el
trabajo en una economía brutal no ha sido suficientemente estudiado).
"Los hijos no arruinan la vida de sus padres -aseguró la doctora
Gorchoff-. Sólo dificultan las interacciones disfrutables de la
pareja."
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