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Muchos de los comportamientos inhumanos se originan en la falta de vínculo emocional a edad temprana. El departamento de Psicosomática Pediátrica de la Universidad de Múnich ofrece una terapia como medida preventiva.
Desde hace algunos años, Alemania se enfrenta una y otra vez a
comportamientos calificados de “asociales”: una madre echa a su niño de
cuatro años al río; adolescentes atacan en grupo a un hombre, lo
apalean y graban el ataque en su teléfono móvil. La falta de vínculos
emocionales a edad temprana es, según Karl-Heinz Brisch, director de la
sección de Psicosomática Pediátrica del Hospital Haunerschen y
catedrático en la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, una de las
principales causas de este comportamiento inhumano.
El cuidado elimina miedos
Tan pronto se corta
el cordón umbilical, el recién nacido precisa inmediatamente de una
relación emocional con otro ser humano. Sólo así se siente bien
recibido. En caso de que carezca de ella, el bebé se siente descuidado.
Las consecuencias son graves.
Según explica Brisch,
si un niño tiene una relación emocional segura durante los dos primeros
años de vida, en general siente menos miedo y puede descubrir el mundo
más libremente. Por el contrario, si los mayores a su alredor son
insensibles o lo tratan mal, el niño les tiene miedo. Esto se traduce,
también, en miedo al mundo, en incapacidad para aprender y en
dificultad para establecer relaciones; también origina agresividad en
los conflictos relacionales.
“La falta de vínculo
emocional se transforma en la incapacidad para comprender los motivos,
las intenciones y los sentimientos de los otros”, asevera Brisch. Es
decir, tales personas no acaban de comprender que “el otro” es un ser
humano con pensamientos e intenciones propias.
Golpear al caído
¿Explicaría esto el
acto de apalear a una persona caída? “Por supuesto”, responde Brisch,
“si una persona, en una situación violenta, está en el suelo, sólo por
instinto de conservación de la especie un ser humano dejaría de golpear
al caído”. Cuando en tal situación, el agresor continúa ejerciendo
violencia sobre el otro, estamos frente a una disfunción de la
emocionalidad; el umbral entre la violencia y el homicidio no existe.
Este umbral impide, en casi todas las especies, que las luchas al
interior de la manada acaben con ella.
Terapias a edad temprana
El departamento que
dirige Brisch ofrece para esos casos programas de asistencia temprana,
uno de ellos es “Observación del bebé”, en cuyo marco niños en edad
preescolar observan cómo una madre trata a su recién nacido. ¿El
efecto? Generar empatía, la capacidad para comprender al otro.
Según Brish, el
efecto es cuantificable: los niños que han asistido al programa juegan
más en grupo y son menos agresivos. Aunque una terapia de este tipo es
costosa –54 sesiones, una vez por semana, oscilan entre los tres y los
seis mil euros-, “cuando la incapacidad de comprender al otro se
origina en la falta de vínculo a edad temprana, hay que actuar
terapéuticamente durante la infancia”, explica Brisch y añade: “de lo
contrario, los niños llegarán a adultos con ese tipo de comportamiento”.
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