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Todavía faltan tres años por lo menos para que el libro sea
publicado, pero ya despierta controvertidos debates sobre el nuevo
conjunto de posibles desórdenes psiquiátricos. ¿Comprar compulsivamente es un problema mental? ¿Los niños que
continuamente retroceden ante ciertas visiones y sonidos sufren de
problemas sensoriales, o sólo necesitan atención extra? ¿Se debería
seguir considerando al fetichismo como un desorden mental?
Paneles de psiquiatras presentan esas preguntas, y sus respuestas, que
van a ser publicadas en la quinta edición del Manual de Diagnóstico y
Estadística de los Desórdenes Mentales, tendrán consecuencias para los
reintegros de seguro, para la investigación y la identidad psicológica
de los individuos en los próximos años.
El proceso se ha convertido en un ejercicio social y científico tal
que, por primera vez, el editor del libro, la Asociación Norteamericana
de Psiquiatría, ha solicitado a sus contribuyentes firmar un acuerdo de
no divulgación de su contenido.
El debate es intenso porque el manual es tanto una guía médica como
una institución cultural. Ayuda a los médicos a realizar diagnósticos y
provee a las compañías de seguro con códigos de diagnóstico sin los
cuales los aseguradores no pagarían los reclamos de tratamiento de los
pacientes.
El manual, conocido por sus iniciales y número de edición ( DSM-V
), a menudo organiza los síntomas bajo nombres evocadores. Las
etiquetas como desorden obsesivo compulsivo tienen connotaciones en la
cultura más amplia y para la autopercepción del individuo.
"Esto no es cardiología o nefrología, donde las enfermedades básicas
son muy conocidas", afirmó Edward Shorter, historiador de la
psiquiatría cuyo último libro - Antes del Prozac
- es crítico del manual. "En psiquiatría, nadie conoce las causas de
nada, así que la clasificación puede ser influenciada por toda suerte
de factores. Lo que finalmente se obtiene es este proceso de
clasificación del conjunto de síntomas para convertirlos en síndromes y
el resultado depende totalmente de cómo caen las fichas."
Los psiquiatras involucrados en la preparación del manual sostienen
que es demasiado temprano para decir con seguridad qué cartas se
agregarán y cuáles se descartarán. La presente edición del manual, que
fue publicada en 2000, describe 283 desórdenes, alrededor del triple
que en la primera edición, publicada en 1952.
Los científicos que están actualizando al manual se han estado
reuniendo en pequeños grupos focalizándose en categorías, como
desórdenes del ánimo y el abuso de drogas, y estudian en profundidad
los últimos datos científicos para determinar qué se puede calificar de
desorden y qué puede distinguir un desorden de otro. Tienen aún mucho
más trabajo por hacer, aseguran los miembros, antes de brindar
recomendaciones a los 28 miembros del panel que se reunirán en
encuentros cerrados para realizar los cambios editoriales finales.
Los expertos afirman que algunos de los debates más importantes
posiblemente incluyan el tema de la identidad sexual, diagnósticos de
enfermedades relacionadas con niños y adicciones, como el comprar y
comer en exceso.
"Muchos de estos temas van a producir grandes discusiones, según
espero", dijo el doctor Michael First, profesor de psiquiatría de
Columbia, que editó la cuarta edición del manual, pero que no está
involucrado en la quinta.
Un ejemplo, agregó First, es el de comer en exceso, que está hoy en
el apéndice del manual como una categoría tentativa. "Mucha gente lo
quería incluido en el manual -aseguró-. Y hay alguna investigación por
ahí, alguna evidencia de que las medicinas son útiles. Pero comer en
exceso es también una conducta normal, y se corre el riesgo de
clasificar hasta un 30% de personas con un desorden que realmente no
tienen."
Objeciones por anticipado
El debate sobre la identidad sexual, caracterizado en el manual
como "identificación cruzada de sexo, fuerte y persistente" ya está
ardiendo entre los transexuales. Poco después de que la asociación
psiquiátrica nombrara a un grupo de investigadores que trabajaban en
identidad sexual y de género, circularon peticiones online que objetaban a dos miembros, cuyos trabajos ellos consideraban degradantes.
Las personas transexuales están divididas en cuanto a su lugar en el
manual. Algunos hombres y mujeres transexuales no quieren saber nada
con la psiquiatría y demandan que se descarte el diagnóstico. Otros
prefieren que quede, de alguna manera, porque un diagnóstico escrito
por un médico es necesario para obtener la cobertura del seguro para un
tratamiento o una cirugía.
"El lenguaje necesita ser reformado mínimamente -dijo Mara Keisling,
directora ejecutiva del Centro Nacional por la Igualdad Transexual-.
Hoy, según el manual, uno no puede ser una persona transexual feliz,
uno debería ser una ruina social."
El doctor Jack Drescher, psicoanalista de Nueva York y miembro del
grupo de desórdenes sexuales, afirmó que el debate sobre la identidad
sexual recuerda los esfuerzos por quitar la homosexualidad del manual
en los años 70.
Luego de que las protestas de los activistas gay que provocaron una
revisión científica, el diagnóstico de homosexualidad fue eliminado en
1973. Fue reemplazado por "desorden de orientación sexual", y luego
como "homosexualidad egodistónica" antes de ser eliminado, en 1987.
"Se trata, en mi opinión, de un tema social, no médico, y en algún
sentido, la psiquiatría evolucionó a través de la interacción con una
cultura más amplia", afirmó el doctor Drescher.
En busca de objetividad
La Asociación de Psiquiatría Norteamericana dice que el acuerdo
de no difusión de los contribuyentes tiene como finalidad permitir que
las revisiones se hagan sin intromisiones y para prevenir que los
autores realicen acuerdos para efectuar registros o que se involucren
en otros proyectos basados en las deliberaciones sin trabajar a través
de la asociación.
En una entrevista telefónica, el doctor Darrel A. Regier, director
psiquiátrico de la asociación, que es codirector de la fuerza de
tareas, afirmó que los expertos que trabajan en el manual han
presentado gran parte de su trabajo en encuentros científicos.
"Pero se necesita sintetizar lo que se está haciendo y hacerlo
coherente antes de realizar la discusión -dijo Regier-. Nadie quiere
poner un borrador o datos sin elaborar en la Web." Algunos críticos,
sin embargo, dicen que mantener el secreto es inapropiado.
"Cuando escuché por primera vez sobre este acuerdo, me volví loco",
aseguró el doctor Spitzer, profesor de psiquiatría en Columbia y
arquitecto de la tercera edición del manual. "La transparencia es
necesaria si es que el documento tiene que tener credibilidad y, en
algún momento, vamos a tener gente que se queje por todos lados por no
haber tenido la oportunidad de aportar nada."
Los científicos que aceptaron la invitación para trabajar en el
nuevo manual, una misión prestigiosa, acordaron limitar sus ingresos
provenientes de fabricantes de medicamentos y otras fuentes a US$
10.000 al año mientras durara el trabajo. "Eso es más conservador que
las reglas de muchas agencias oficiales y universidades", comentó el
doctor Regier.
Por ser éste el manual de diagnóstico, en el que virtualmente cada
oración sea posiblemente escrutada, los críticos afirmaron que la
política no es lo suficientemente estricta. Desde hace mucho tiempo que
sospechan que el dinero de los laboratorios influencia sutilmente las
decisiones de los autores.
La influencia de la industria ha sido cuestionada luego de una
oleada de diagnósticos de desorden bipolar en niños pequeños.
Anteriormente se pensaba que afectaba sólo a adultos y adolescentes,
pero el desorden en niños ha sido promovido recientemente por
psiquiatras que figuran en las plantillas de pago de los laboratorios.
Se espera que el equipo que está trabajando en desórdenes infantiles
debata los beneficios de agregar la bipolaridad pediátrica como un
diagnóstico aparte, según los expertos. También se espera que se
discuta si el síndrome de Asperger, desorden del desarrollo, debería
fusionarse con el autismo de elevado nivel funcional. Ambos son
virtualmente idénticos, pero tienen connotaciones sociales diferentes.
Es posible que el mismo equipo haga una recomendación en el así
llamado desorden de procesamiento sensorial, una etiqueta vaga para una
conducta infantil poco comprendida, pero que causa incapacidad. Grupos
de padres y algunos investigadores quieren que en el manual se
reconozca para ayudar a recaudar dinero para la investigación y obtener
cobertura del seguro para tratamientos caros.
"Sé que algunos están presionando muy fuerte para lograrlo -afirmó
First- y creen que han sido bien recibidos. Pero nunca se sabe con
seguridad, por supuesto, hasta que se publica."
En conjunto, es una combinación de suspenso, misterio y controversia
la prepublicación por los que muchos editores morirían. La asociación
psiquiátrica sabe que tiene un lugar en el mercado y una serie de
éxitos. Las últimas dos ediciones vendieron más de 830.000 ejemplares
cada una.
Traducción: María Elena Rey
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