DiarioSalud.net | portal diario y agencia de noticias sobre medicina, salud, farmacia y medicamentos en español | PharmaNews
Argentina noticias locales de medicina y salud Colombia noticias locales de medicina y salud Chile noticias locales de medicina y salud España noticias locales de medicina y salud Mexico noticias locales de medicina y salud Paraguay noticias locales de medicina y salud Peru noticias locales de medicina y salud Uruguay noticias locales de medicina y salud DiarioSalud RSS Feeder - actualizacion online de noticias


Bioquímico español Manuel Nieto Sampedro: Un recorrido desde el alma a la lesión medular PDF Imprimir E-Mail
jueves, 22 de junio de 2006
"Mis padres eran maestros. No tenía antecedentes familiares en el mundo de la ciencia, pero de adolescente me empecé a preocupar por cuestiones profundas como la vida, la muerte, la religión... pero me interesaba explicarlo desde un punto de vista racional, estudiando el alma. Y me pregunté quién estudiaba el alma. Estaba la filosofía, pero me parecía una forma tonta de hacerlo. Empecé a leer a Cajal y a otros científicos y me pareció más racional el abordaje fisiológico. Y eso que iba a estudiar ingeniería. De hecho ingresé en la escuela de ingenieros industriales. Porque los más listos eran los ingenieros, que sabían de todo". Son los recuerdos de Manuel Nieto Sampedro.
¿Llegó a completar algún curso?
-El primero, que era de iniciación y muy duro, como una licenciatura concentrada de física, química y matemáticas. El problema fue que no me había preocupado de mirarme el programa entero de la carrera, y cuando vi lo que seguía, tipo termotecnia, no tenía nada que ver con mis intereses. Lo más parecido podían ser los reactores químicos. Así que dije a mis padres que lo dejaba. Y me fui a Químicas.

¿Qué quería hacer?
-Sobre todo quería estudiar bioquímica y biofísica. Es decir, la explicación de cómo funciona un ser vivo, qué hace que un cerebro produzca un alma. Seguía con esa inquietud que después he comprobado que comparten otros investigadores y algunos están haciendo un trabajo muy bueno sobre qué tiene que ver el cerebro con la psique.

Total, que hizo Químicas.
-Y en vista de que me había retrasado un año con la ingeniería, aceleré hasta recuperarlo.

¿Era tan listo o estudiaba mucho?
-Era bastante espabilado, porque hacía muchas cosas. A la vez que estudiaba daba clases en bachiller en el colegio de mis padres y en mis ratos libres estaba ocupado haciendo la revolución, porque detrás teníamos a Franco y había que quitárselo de en medio.

¿Hasta qué punto llevó su compromiso político?
-Era y soy militante comunista; casi viene de nacimiento. Mi padre era un comunista clásico y tuvimos nuestras peleas porque a mí lo de invadir Checoslovaquia me pareció muy mal. Pero como nos queríamos mucho, era más un problema generacional que otra cosa. Y después me ha servido mucho, ya en democracia, porque la política dejó de tener tanta importancia y lo fundamental era valorar a las personas.

¿En qué consistía su actividad política?
-Una vez leí que en lugar de hombres de acero, éramos culos de hierro, porque organizábamos reuniones largísimas de discusión sobre si había que hacer la revolución antes o después de la muerte de Franco. Con el tiempo me he dado cuenta de que por suerte no logramos lo que pretendíamos. Porque cuando eres joven te crees indestructible, capaz de todo y te empeñas en la revolución, que es algo estúpido.

¿Le distraía la política de su carrera profesional?
-La política era una obligación, un compromiso moral para continuar la tradición familiar. Sabía que quería estudiar el sistema nervioso y para eso terminé una licenciatura doble con bioquímica, química física y orgánica. Yo nunca tuve una beca, mi beca era mi madre que trabajaba para que yo estudiara. Y cuando llegó el momento del doctorado, ya estaba casado con una chica muy maja, también investigadora, mucho mejor que yo en el terreno experimental, y que logró una beca en Inglaterra. Yo quería ir a París, pero como me dijeron que tendría que esperar para lograr una beca, me fui con ella.

¿A qué se dedicaba?
-Tuve la suerte de que en el laboratorio de mi mujer había un señor que me preguntó qué sabía hacer. Le contesté que sabía sintetizar péptidos. Le interesó y me ofreció un contrato de plantilla. Era una actividad interesante, y aunque yo quería dedicarme a otra cosa, me pareció que era una forma de ser útil a la sociedad. Trabajábamos en el funcionamiento de los antibióticos y colaborábamos con otros equipos británicos y belgas.

¿Cuánto duró su experiencia británica?
-Seis años. Cuando llevaba tres, el tipo que dirigía el laboratorio me propuso hacer una tesis doctoral sobre mi trabajo. Fue muy interesante. Al contrario del modelo español, no dependes de un tribunal, sino de tu tutor y de un examinador externo que trabaja en el campo al que se refiere la tesis. E mi caso fue un examinador de Cambridge.

¿No existe el riesgo de que el examinador intente tapar a un posible competidor?
-Hay muchos riesgos, pero yo no tuve problemas. El examinador estuvo de acuerdo conmigo en revisar la tesis, que previamente él se había estudiado, en el bar del instituto frente a una pinta de cerveza. Es un método menos formal, pero igual de riguroso. Más que un examen es una charla, de la que, en mi caso, salió una colaboración posterior.

Lamentablemente, esa forma de hacer que yo conocí entonces ha cambiado. Todo se ha hecho más competitivo, feroz, menos divertido. Cuando yo hablaba con mi examinador era en términos de un problema que nos preocupaba a los dos y queríamos resolver.

En Inglaterra conocí el laboratorio clásico. Años más tarde, en Estados Unidos, viví el modelo fábrica en el que ni siquiera conocías a todos los que trabajan allí. Es una diferencia cultural, pero sobre todo de época. Los negocios han entrado en la ciencia y se ha estropeado el clima basado en el conocimiento.

Pero vivir al margen de la implicación económica es muy propio de algunos investigadores que más bien son funcionarios de la ciencia.
-Cierto que esa figura existe y me revienta. Esa gente que mira al infinito diciendo que lo que importa es la ciencia. ¡Qué puñetas!: lo que importa es qué haces con la ciencia. La gente nos paga, no sólo para divertirnos (que lo hacemos), sino para que a cambio le ofrezcamos respuestas.

¿Por qué se volvió a España?
-Primero se volvió a España Teresa, porque se le había acabado la beca Fullbright. con el niño.

Así que se quedó allí solo.
-(Sonrisa) Bueno, solo... Podía haberme quedado allí pero sentí la responsabilidad de estar con mi hijo. Tampoco supe negociar una buena oferta allí. En España hubo oposiciones del CSIC y me presenté. Cuando llegué me encontré con buena gente, como Eladio Viñuela.

¿Volvía con un objetivo científico claro?
-No quería perder mi experiencia, pero quería reanudar mi vocación sobre el cerebro. Trabajaba en un laboratorio el Centro de Investigaciones Biológicas que se dedicaba a las bacterias. No lograba hacer lo que quería. Y nunca he sido muy diplomático, pero es que entonces era arrogante y sobre todo, intolerante ante la estupidez. Con los años te das cuenta de que no todo el mundo tiene la misma rapidez mental.

¿Qué ocurrió?
-Que cuando yo veía la respuesta a un problema y otro no, le decía que era tonto. Así que mi trabajo era valorado, pero no encajaba bien en el laboratorio, aunque solía jugar al fútbol con Mariano Barbacid. La cuestión es que viví un divorcio científico de Emilio Muñoz, que era con el que había venido a trabajar. Mi laboratorio, después de cuatro años de buen trabajo, era cada vez más pequeño. Busqué salidas en el extranjero y me aceptaron en Estados Unidos. Para entonces también había cambiado mi vida.

¿En qué sentido?
-Me seguía interesando el cerebro, pero es que además, mi sobrino y ahijado tuvo un accidente de moto y quedó parapléjico. Y empecé a trabajar en plasticidad del sistema nervioso. La cosa es que me fui a Irvine.

Donde encontró ese laboratorio-fábrica. ¿Qué tal se adaptó?
-No sé si bien o mal, porque yo seguía con la mentalidad británica de equipo y allí me encontré con un modelo individualista, donde el hombre era un lobo para el hombre. Eso me cabreaba y me llevó a algunas broncas. Lo que más me molestaba era compartir una idea y que el otro la publicara como algo propio.

¿Le pasó?
-Sí.

¿Se hizo desconfiado?
-Aprendí a tener la boca cerrada, a no contar todo lo que se me ocurría. Me limitaba a pensar y escribir.

Es una forma mezquina de hacer ciencia.
-Y más pobre. Es peor ciencia. La forma abierta, decente, que había vivido en Inglaterra era mejor. Siempre es mejor tratar con gente decente.

¿No tuvo problemas por ser comunista?
-No, porque no lo declaré. Cuando vas a Estados Unidos solo como yo fui, porque ya estaba separado de mi mujer, es la mejor prueba de supervivencia posible.

¿Es usted duro?
-Supongo, porque sobreviví. No tengo un recuerdo feliz, pero también debo decir que la sociedad americana es extraña. Desde aquí vemos la parte peor, pero está la positiva: la aceptación del extraño. Nada más llegar, un colega americano me ofreció todo lo que necesitaba para mi casa. Ellos entienden muy bien la dificultad de sobrevivir y te ayudan.

¿Llegó a hacer amigos?
-Algunos muy buenos que conservo. Y profesionalmente, en los once años que pasé allí, aprendí gran parte de la neurofisiología que sé. Ahí sí me planteé la posibilidad de quedarme.

¿Por qué no lo hizo?
-Mi padre ya había muerto, pero mi madre se hacía mayor y sentí que debía estar junto a ella. Tampoco recibí una oferta tentadora para quedarme. Nunca me he sabido vender bien.

La cuestión es que volvió.
-Me presenté a una plaza de investigador del CSIC, pero no era el favorito. Creo que la gané por las publicaciones que tenía. Había demostrado que el MGF estaba en el sistema nervioso central, cuando se pensaba que sólo estaba en el periféricos. Es una respuesta de autorreparación. Y otro hallazgo interesante había sido la relación entre sistema nervioso e inmune.

Ahora nos estamos enterando realmente de la importancia que tiene que el sistema inmune responda al sistema nervioso de determinada forma, las formas de inflamación.

En este regreso, ¿pudo ya realizar el trabajo que quería?
-El Instituto Cajal estaba sin hacer, así que me tuve que meter en el laboratorio de José Borrell, su actual director y amigo mío, que me recogió.

¿Dónde surge la colaboración con el Hospital de Parapléjicos de Toledo?
-En mi equipo había un rehabilitador que vino a hacer un postdoc conmigo. Se nos ocurrió la idea de colaborar con Toledo y contactamos con el gerente del momento, pero sin resultado, hasta que llegó el actual. A lo clínicos no les hacía ninguna gracia.

En el año 2000 me llamaron y me ofrecieron un espacio en el sótano, un lugar polvoriento que utilizaban de archivo. Para mi sorpresa en poco tiempo se convirtió en un laboratorio docente.

¿Qué ocurrió con la resistencia de los clínicos?
-Yo siempre me he llevado bien con los clínicos, simplemente porque no les trato como a dioses y porque ellos y yo tenemos el mismo objetivo: curar.

Usted valora mucho el trabajo del rehabilitador frente a la lesión medular.
-Una lesión medular es un gran desastre, inimaginable para alguien que puede moverse. En América me financiaba una asociación de pacientes y periódicamente tenía que rendir cuentas ante ellos sobre qué había hecho para ayudar a curarles.

¿Es difícil enfrentarse a los pacientes?
-No. Lo que llevo mal son los charlatanes y trepas que usan la lesión medular como pretexto para medrar. Me fastidia el que usa a los parapléjicos para lograr dinero con el que investiga a la mosca no se qué.

¿Eso se da?
-Cada vez menos porque hay más gente preparada que lo impide.

¿Se cometen injusticias en la ciencia española?
-Es que se tapa a científicos muy buenos y se ensalza a otros que no han demostrado nada. A lo largo de los años una sorpresa grata para mí es que en la ciencia de España ya no importa tanto el signo político y hemos aprendido a respetarnos en lo que somos y hacemos.

También ha tenido sorpresas menos gratas. ¿Qué le ocurrió con Almudena Ramón Cueto?
-Fue desleal conmigo. Fue mi estudiante y creo que hice lo que pude por ella. Le conocí en América, trabajó aquí conmigo y cuando encontró algo que le pareció importante se fue. Es quizá no el único, pero sí el más abierto y llamativo caso de deslealtad que he vivido.

¿Le sorprendió?
-Sí, y en ese momento me cabreó. También me dio pena. Ella tenía pensado otro tema de tesis y yo se lo cambié y le puse a trabajar en glia envolvente .... No puede decir que se le ocurriera a ella; tampoco yo puedo decirlo. Yo le planteé una tesis y ella la demostró. Y entonces se fue a la Universidad Autónoma.

¿Han vuelto a tener trato?
-Si le veo le saludo y le doy dos besos.

¿Es rencoroso?
-Yo no; pero el que la hace, la paga.

¿La está pagando Ramón Cueto?
-Yo creo que sí. Ha practicado la política de tierra quemada. Después de salir de aquí ya ha pasado por varios centros y ha aprendido a vender su trabajo en los medios. Ahora maneja mucho dinero, y a pesar de ello no consigue avanzar.

Usted advierte contra las falsas expectativas, pero a la vez lanza mensajes optimistas.
-Yo procuro no hablar de plazos y cuando lo hago me doy margen basándome en que ya haya resultados en modelos animales.

¿Qué tal es trabajar con usted?
-Edu, ¿qué tal es trabajar conmigo? (Pregunta a un colaborador que pasa por allí y que, por supuesto, responde que es fácil porque tiene buen carácter).

¿Y trabajar con un hijo?
-Debía preguntárselo a él, que fue el que dudó porque no le gustaba mi trabajo. A él le interesa el comportamiento animal. Yo quería que fuera médico y el prefería la Veterinaria. Al final, hizo Biológicas. Y le di la oportunidad de comprobar una idea: si descubrimos por qué los nervios de los cuernos de los ciervos crecen diez veces más rápido que los embriones de cualquier mamífero, podríamos aplicarlo a las lesiones medulares.

¿Se parecen?
-Manolo es más tranquilo, sistemático, paciente. Se parece más a su madre, aunque tiene algún arrebato de mala leche, que tampoco es mío. A mí se me ve venir.

¿Hablan del trabajo fuera del laboratorio?
-No. Tuve una época mucho más activa, sobre todo en Estados Unidos, y él venía temporadas. Hacía escalada. Pero padezco esclerosis múltiple lo que es poco compatible con el deporte.

¿Cuándo le diagnosticaron?
-Todavía vivía en América. Al principio me lo tomé con incredulidad, luego pensé que era una putada.

Pero no se vino abajo ni disminuyó su actividad.
-Es que si paras es peor. De hecho seguí escalando durante un tiempo, aunque con mucho cuidado. Sólo lo dejé cuando pensé que ponía en peligro a mis compañeros.

¿Le ha ayudado haber hecho deporte antes?
-Seguro. La esclerosis múltiple es como varias enfermedades. En la primera época hay brotes que remiten y entre ellos estás normal. Ahora yo ya estoy en la fase crónica progresiva, en la que sólo vas a peor: notas que con el calor te mueves peor...

Su enfermedad, ¿le ha dado otra perspectiva más cercana al paciente?
-Creo que siempre la he tenido.

¿Ha incorporado la esclerosis múltiple a sus áreas de investigación?
-He preferido quedarme al margen de la investigación de mi enfermedad, porque probablemente acabaría envenenándome, porque experimentaría conmigo mismo. Además, pienso que una cosa es una lesión medular, que es algo que se estropea por un accidente pero que funcionaba, y otra es una enfermedad como la mía, en la que hay una degeneración. Me parece más complicado.

Y en cuanto a afrontar la enfermedad, lo que no quiero es llevar a nadie a rastras, pendiente de mí.

¿Y si los que le cuidan están encantados?
-Pero nunca sabes hasta qué punto. Es distinto hacer un favor que estar condenado a cargar con alguien.

Se supone que con la Ley de Dependencia se intenta ofrecer medios para que eso no ocurra.
-Yo tenía un familiar aragonés que decía que el que está enfermo y no se muere, no cumple con su deber. Aplicado a mí, pienso que cuando esté muy estropeado me iré.

Me asusta. ¿Lo tiene planificado?
-No.

¿Ya no es arrogante?
-Es que la edad te hace consciente de tus limitaciones y de las capacidades de los demás. Te da la tranquilidad para mirar con distancia y si ves a alguien bueno, se lo dices, que es algo que no solemos hacer.

Comentarios

Comentarios reservados a usuarios registrados.
Por favor ingrese al sistema o regístrese.

Powered by AkoComment!



DiarioSalud RSSFeed




En DiarioSalud.Net seguimos los Principios del código HONcode. Compruébelo aquí


Web Médica Acreditada por el Colegio Oficial Médicos de Barcelona. Ver más información

DiarioSalud.net es
Web Médica Acreditada
Colegio Oficial
de Médicos
Barcelona, España


DiarioSalud es web de interés sanitario. Pulse para ver el Certificado de Web de Interés Sanitario

DiarioSalud.net es
Web de Interés Sanitario
Portalesmedicos.com



DiarioSalud.Net | Portal y Agencia de Noticias de Medicina y Salud

Se autoriza la reproducción total o parcial de artículos
en medios periodísticos citando como fuente www.DiarioSalud.net

Desarrollado por Radd Team Uruguay
http://www.raddteam.com




Este sitio cumple con los Requisitos de Calidad de www.b2curuguay.com/- Guía de Sitios Web Uruguayos, Business to Consumer Portal Uruguay, más clientes, más proveedores, mejores negocios
Delicious Bookmarks