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La semana pasada tuvo lugar un homenaje a los oftalmólogos cubanos que vinieron a Uruguay en el marco de la llamada “Operación Milagro”, para saldar la deuda social que el Uruguay tenía con la población de menores recursos, con dificultad para acceder a la
operación de cataratas con implantación de la lentilla intraocular.
Allí se dieron elogios a los visitantes, y se denostó a los oftalmólogos
locales. Seguramente por ignorancia de los elementos que hacen a una situación
semejante, o por la aviesa intención de encumbrar colaboraciones externas,
cuando no se ha querido dar las condiciones, teniendo los medios y la voluntad,
para hacerlo con los médicos locales.
Es cierto que no se hacía operación de cataratas con lentilla en los
hospitales públicos, o éstas eran muy escasas. Pero ¿en qué condiciones se
hacía trabajar a los colegas uruguayos? En la misma deficiencia que acusan
otros servicios quirúrgicos públicos. Sin instrumental, sin locales apropiados,
sin los medios idóneos indispensables. ¿Qué se piensa hacer cuando los cubanos
se vayan, o es que piensan quedar como residentes permanentes? ¿Cómo sigue la
historia? Se dio un primer paso, pero no podemos seguir siempre con tutores.
Como los árboles, debemos crecer con autonomía, o seremos parásitos de otros. Y
eso desprestigia a la Medicina nacional. Mucho más a las autoridades que
adoptan estas soluciones sin visualizar otras para mejorar el esfuerzo.
Uruguay tiene una larga tradición en materia de Oftalmología, contando
con algunas figuras que fueron referentes mundiales, como es el caso de Raúl Rodríguez Barrios,
que escribió con María Julia Massera, hace casi 60 años, su libro sobre “Fondo
de Ojo”, y fue el primero en América Latina en realizar injertos de córnea, en
1946, cuyo nombre lleva ahora el Instituto Nacional
de Donación y Trasplante de células, tejidos y órganos,
fundado por inspiración suya. Trabajó con honor en los Hospitales Pasteur y
Clínicas durante muchas décadas, legando a los oftalmólogos uruguayos ciencia y
conciencia.
Es falso que los oftalmólogos uruguayos no hayan querido hacer este tipo
de cirugías. Faltó la visión, justamente, en las autoridades de salud, para
encarar con decisión y valentía, un tema largamente postergado por ineficiencia
del Estado. Muy especialmente del Ministerio de Salud.
Para que vinieran los cubanos, hubo que armar un Hospital de Ojos. Antes
no existía. Se recicló un área del viejo Hospital Saint Bois, prácticamente en
el desguazadero, dotándolo de salas apropiadas, ambientes de internación, y
personal. Se trajeron equipos necesarios y costosos, que el Estado se había
negado incorporar por décadas, en un gesto de abandono inconsciente y cruel.
Pero del Estado. Aquí prefirieron cortar por lo sano, no instalar ni invertir,
y salir por la caridad ajena, haciendo, de paso, clientelismo político.
Es sabido que Cuba tiene más de 70.000 médicos, con la mitad de los
cuales atiende la población propia, y el resto
destinada a misiones solidarias fuera de sus territorios.
Pero aquí nada se dijo de las más de 4.000 cirugías de cataratas con
lentilla que ha realizado el Club de Leones, silenciosamente, en todo el país,
para los pacientes de Salud Pública. Ni del trabajo silencioso que han
realizado algunos oftalmólogos recorriendo el interior para hacer esas
intervenciones gratuitamente, chocando contra la resistencia o incomprensión de
jerarcas, la falta de personal, anestesiólogo y otras carencias, que sería
fácil resolver, con voluntad, coraje y decisión. No por la facilonga de traer un
vagón de gente, que incluye cocineros y choferes, además de médicos,
anestesiólogos, cirujanos, instrumentistas. Y también el instrumental. Que
trabajan con dedicación exclusiva, mediante un pago simbólico a sus familiares
en la isla. En
condiciones que son de discutible dignidad para nuestro ambiente médico; pero
que adecuadas a nuestra idiosincrasia, podrían perfectamente haberse generado
en cualquier lugar. Si no se hizo fue por inoperancia, falta de capacidad
organizativa, falta de articular mediante el diálogo y empleando la tolerancia,
instrumento escaso, para algunos.
Otros países cercanos, han resuelto el problema de la Oftalmología,
concentrándolo en un Hospital. En Buenos Aires existe el Hospital “Santa Lucía”[1] y el
hospital oftalmológico “Dr. Pedro Lagleyze”[2],
ambos públicos, siendo el primero fundado por decreto del 2 de enero de 1823
(¡¡!!)
Donde se resuelven INTEGRALMENTE los problemas oftalmológicos, sin
derivar a otros hospitales las patologías que allí no tratan, como sucede ahora
con este MILAGRO URUGUAYO, que sólo trata cataratas, derivando todo lo demás.
O sea que, elogios, los que quieran. Agradecimientos, los necesarios.
Pero por favor, una pizca de inteligencia, para resolver las carencias, y no
hacerse el burro echándole el fardo a otro. Que con inversión, dedicación y
tesón, todo se puede. Más ahora que tenemos ASSE descentralizada. ¿Si no, para
qué sirve? Se hubiera podido, y sin duda se podrá. Porque voluntad no falta,
hay carencia de cabeza, de pienso, de inteligencia. Lo que hay es ceguera
política, que no se arregla en ningún hospital de ojos, porque es una
enfermedad incurable de naturaleza cerebral. Y ahí no pueden hacerse milagros.
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