30 AÑOS DEL I.N.D.T. (ex B.N.O.T.) -TRASPLANTES Y TRASPLANTADORES
Gentileza del Dr. Antonio L. Turnes
viernes, 21 de noviembre de 2008
En Uruguay, en 1971 se aprobó la primera ley de donación y trasplantes de órganos y tejidos, ampliada en una revisión efectuada en 2003. El Banco Nacional de Órganos y Tejidos (BNOT) abrió sus puertas el 17 de noviembre de 1978, cumpliéndose ahora su 30º aniversario.
La Ley de 1971, que fue la primera en América Latina y precedió en 8 años a la de España. Fue redactada por los abogados Adela Reta y Fernando Bayardo Bengoa, contando con el impulso, a lo largo de los años, de los legisladores Dardo Ortiz, Alberto Couriel, Enrique Beltrán y Hugo Batalla, entre otros. Fue inspirada por Raúl Rodríguez Barrios, y en su articulación trabajó intensamente la Dra. Betty M. Bono Bruno. La modificación realizada en 2003 fue impulsada por Luis E. Gallo y la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes, haciéndose eco de la elaboración avanzada por Inés Álvarez y Guido Berro Rovira. Actualmente se denomina INDT (Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Células, Tejidos y Órganos). El Fondo Nacional de Recursos (FNR) que comenzó a funcionar el 1º de diciembre de 1980, se rige por la ley 16.343, del 24 de diciembre de 1992, y es el organismo que tiene competencia para financiar a todos los habitantes del País los procedimientos de Medicina Altamente Especializada, entre los cuales los trasplantes de órganos.
La Medicina y el Hombre han buscado, desde la más remota antigüedad, solución a algunos eventos que afectaban su organismo, en diversas circunstancias, congénitas, accidentales, o producto de enfermedades. Primero fue su aspecto consecutivo a lesiones y heridas, más tarde el reemplazo de órganos y tejidos, que permitieran vivir o sobrevivir con mejor calidad de vida. En la medida que los avances de la ciencia y la técnica lo fueron permitiendo, los avances fueron cada vez más audaces y de mejores resultados. A través de la experimentación animal o inter-humana, se fue configurando un cuadro cada vez más complejo de realizaciones. Para ello fue necesario no sólo encontrar nuevas soluciones técnicas, sino también superar barreras morales, éticas, religiosas, que hasta fines del siglo XX fueron impedimentos a franquear para realizar el avance incesante. Hoy los trasplantes de órganos y tejidos, así como los implantes, son un recurso corriente de las sociedades más avanzadas. Pero es necesario integrar con la realidad presente, la cadena de acontecimientos que le dan sustento e hicieron posible el avance. Superando las miserias humanas, estimulando la solidaridad en lugar del sometimiento del esclavo, y resolviendo miles de inenarrables detalles para llegar al sitio en que hoy nos hallamos. En ocasión de cumplirse en Uruguay el 30º aniversario de la apertura del Banco Nacional de Órganos y Tejidos (BNOT), hoy Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Células, Tejidos y Órganos (INDT), parece necesario hacer esa excursión al tiempo para conocer mejor, de donde venimos y hacia dónde vamos.
TRASPLANTES en HUMANOS
Uno de los primeros antecedentes históricos se remonta al año 700 aC, cuando los indios (pobladores de la India) utilizaron el trasplante de piel de los glúteos con el objeto de reconstruir la nariz y el pabellón de la oreja.
Tal vez los mellizos médicos san Cosme y san Damián son recordados como los primeros que se vinculan, aunque míticamente, a un trasplante en humano, cuando se les atribuye que curaron a un religioso, realizándole la amputación de un miembro enfermo, que reemplazaron por el de un muerto reciente. La leyenda de los santos Cosme y Damián constituye la primera idea de trasplante de donante cadavérico con finalidad terapéutica: los santos amputaron la pierna de un gladiador etiope negro muerto para reemplazar la pierna gangrenosa del diácono Justiniano. Esto ha sido recogido en la Historia de la Medicina y de la Iglesia, a través de variada iconografía que registra el hecho.
En el siglo XVI el cirujano italiano Gaspare Tagliacozzi (1545-1599), fue famoso al concebir una técnica para reconstruir la nariz, en la que utilizaba un colgajo cutáneo pediculado, tallado de la parte interna del brazo, que tiempo después independizaba. Tagliacozzi es quien da a conocer en una edición veneciana de 1597, su famosa obra "De Curtorum Chirurgia per Insitionem", que debe ser considerada como el primer tratado específico de cirugía plástica. Era cirujano de Bolonia y practicó la rinoplastia con una técnica parecida a la de los Branca. La desfiguración nasal era frecuente, en esa época, como consecuencia de la sífilis y de las mutilaciones consecutivas a las guerras y camorras, particularmente en los duelos a espada y florete. Hasta que este cirujano comenzó a aplicar su técnica, se utilizaba la “nariz compasiva”, bautizada así por escritores y novelistas de la época, para la nariz transplantada desde un esclavo a una persona mutilada por enfermedad o herida, en tiempos en que la sífilis hacía estragos. La confusión entre ambas técnicas permaneció hasta fines del siglo XVIII. En su libro se pueden apreciar perfectamente ilustradas, las técnicas de reparación de labios, orejas y fundamentalmente, rinoplastia mediante colgajos muy similares a los empleados en la actualidad. El método, aunque lógicamente modificado en sus detalles técnicos, merece seguir llamándose "italiano" o "de Tagliacozzi".
El descubrimiento de los grupos sanguíneos por Landsteiner, también significaría un avance, hasta que mucho más tarde, en el siglo XX aparecería la tipificación tisular (histocompatibilidad).
EL DESARROLLO DE LOS DIFERENTES TRASPLANTES EL SIGLO XX
La época propiamente científica de los trasplantes de órganos comienza en el siglo XX. En él existe un crecimiento exponencial de los trasplantes, gracias al surgimiento de conocimientos más profundos en ciencias básicas y nuevas técnicas quirúrgicas que coadyuvan a mejorar la calidad en la preservación de órganos y tejidos, in vitro e in vivo, logrando así mejorar la esperanza de vida para gran número de enfermos, antes condenados a la muerte, o a vivir en condiciones de baja calidad. La segunda mitad del siglo XX fue marcada, entre otras referencias en el campo de la Medicina, por los Trasplantes de órganos. Historia llena de vicisitudes, de avances y retrocesos, y que ponen en evidencia los vicios y las virtudes que adornan al ser humano, investigadores y médicos incluidos.
EN URUGUAY
En 1946 Rodríguez Barrios y col iniciaron los trasplantes de córnea, exponiéndose permanentemente, hasta 1971, a la persecución judicial por extraer córneas de cadáveres, para salvar la visión de personas que había sufrido lesiones reparables por este procedimiento. En 1951 Rafael García Capurro realizó por primera vez en el mundo el trasplante de un fémur (el hueso más largo de la economía) de un cadáver a un paciente que tenía hidatidosis ósea. Fue realizado en el Hospital Británico, de Montevideo.
En 1969 Uruguay Larre Borges, Luis Cazabán, Jorge Pereyra Bonasso, Raúl Cepellini Olmos y Luis Bonavita Páez coordinados por Dante Petruccelli Romero y un conjunto de colaboradores, realizaron el primer trasplante renal con dador cadavérico en el Hospital de Clínicas.
En 1978 Alberto Irigaray Fischetti implantaría un dedo pulgar a un obrero que se lo había amputado. Ocurrió en el Sanatorio No. 2 del CASMU. En 1979 el mismo cirujano realizó un implante de antebrazo en un obrero que había sufrido un accidente laboral, en el Sanatorio del BSE.
En 1985 Roberto De Bellis realiza el primer trasplante de médula ósea en el Hospital Británico. En 1996 se realizaron los primeros trasplantes cardíacos, primero en un adulto por José Luis Filgueira, en Casa de Galicia, y luego en un niño, por José Nozar, en el Hospital Italiano.
En Uruguay el primer trasplante hepático fue realizado por Edgardo Torterolo Prado y colaboradores, en marzo de 1998, en el Hospital Militar Central, de Montevideo. A tres años de iniciado el programa, se realizaron cinco trasplantes hepáticos anuales consecutivos con éxito, la mayoría de los cuales disfrutaron de muy buena calidad de vida. En total se realizaron 12 trasplantes hepáticos, entre marzo de 1998 y noviembre de 2001, con una eficacia en la concreción comparable a los mejores centros del mundo. El programa se interrumpió con la muerte de este destacado cirujano.
El primer trasplante reno-pancreático tuvo lugar en 2002, en el Hospital de Clínicas “Dr. Manuel Quintela”, por un esfuerzo conjunto del Banco Nacional de Órganos y Tejidos (BNOT), la Cátedra de Nefrología, la Clínica Quirúrgica “B”, la Clínica Urológica y la Clínica de Endocrinología.
COMENTARIO FINAL
Mucho es lo que se ha avanzado, en lo técnico, científico, ético, legislativo, organizativo. Es sin duda muy valioso. Sin embargo, queda mucho más todavía por hacer. En materia de educación a la población y a la profesión médica especialmente. Para aprender y cultivar el dar vida a través de recuperar órganos y tejidos de la muerte. Esquivando el egoísmo y asumiendo los costos reales que tiene esta práctica. Que muchos celebran, cuando se trata de aniversarios, cortar cintas y hacer discursos. Pero luego mezquinan o retacean recursos y carecen de imaginación, o no asumen las responsabilidades inherentes a sus cargos, cuando hay que prolongar una vida artificialmente para que la cadena donante-receptor pueda funcionar. En esto debemos educarnos para ser más generosos y asumir ese importante cambio cultural. De esto poco o nada se habla. Pero los recursos que están disponibles, no se emplean con la profundidad y frecuencia que la economía y la técnica permiten. Es por lo tanto una deuda social insoslayable de saldar. Esto también debe ser parte de la Reforma y del SNIS, para que auténticamente haya mayor equidad en salud, y no mera declamación.
Como puede apreciarse, la imaginación para realizar proezas, no tiene límites, y cada año se van conociendo nuevas y mayores realizaciones. Aplicadas a todos los territorios y para resolver las más variadas patologías. Por eso es importante conocer cómo han ocurrido los hechos, en una perspectiva histórica, y recoger de la experiencia de tantos miles de investigadores conocidos, menos conocidos o ignorados, valorando la fuerza para hacer esas transformaciones que permiten alargar o mejorar la calidad de vida de las personas. Y para apreciar el trabajo anónimo de tantos otros miles de profesionales y auxiliares, que con su tarea silenciosa y cotidiana, hacen posible, a lo largo de las décadas y siglos, lograr éxito en estos complejos y tan eficaces procedimientos.